El pastor llama a cada oveja por su nombre,
y las ovejas reconocen su voz. Juan 7:3

Alejandra tiene un gatito. Su nombre es Pompón porque su piel es muy suavecita. A donde quiera que ella va, Pompón va detrás. Si ella sube las escaleras, el gato pasa entre sus piernas y quiere llegar primero. Cuando Alejandra llega a su habitación, Pompón se duerme sobre la alfombra, y su cola rodea su cuerpo. Si la niña se levanta y va a! baño, el gato la espera sentado frente a la puerta.
Todos los días ocurre lo mismo. Adonde va Alejandra, el gato va detrás de ella. Él no se despega de la niña. Lo que ocurre es que cuando Pompón llegó a la casa por primera vez, siendo gatito aún, quien no se despegaba de él era Alejandra.
Ella conversaba con él todo el tiempo y el gato aprendió a reconocer su voz.
Dios también nos habla con cariño.
Quien reconoce la voz de Dios hace exactamente como Pompón: no se despega más de él.

Hablemos con Dios
Señor, mi Dios, me siento feliz por poder descansar con seguridad en tus brazos de amor, como si yo fuera un gato o una ovejita. Quiero estar más cerca de ti .

¡Amén!

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