«El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:14).

 La historia de este mundo comenzó con el agua. La Biblia nos dice que, en el principio, el mundo estaba oscuro, vacío y cubierto de agua.

Cuando creó la tierra seca, Dios todavía dejó una gran cantidad de agua porque es necesaria para sostener la vida. ¿Sabía que su cuerpo es agua en un 75%?

La Biblia nos dice que una vez hubo una inundación que cubrió todo el mundo. Aun después de que las aguas de aquella gran inundación se retiraran, dos tercios de la superficie terrestre todavía estaban cubiertas de agua. Puede verlo en cualquier mapamundi. El color azul representa el agua que nunca se secó.

Pero, ¿sabía usted que solo el 5% del agua del mundo es potable? Cerca del 2.5% está congelada en los glaciares y los casquetes polares y el 93% restante es el agua salada del mar. Por lo tanto, el 5% potable es muy precioso y raro. Sin ella, moriríamos. ¡Quizá por eso las botellas de agua sean tan caras! Seguro que tiene sed nada más de pensar en ello. La Biblia habla mucho sobre el agua. Si desea una interesante actividad de sábado por la tarde, busque una buena concordancia (servirá la que está en las últimas páginas de su Biblia) y busque la palabra «agua». Descubrirá algunos textos e historias interesantes relacionados con ella.

En los tiempos bíblicos, la gente se peleaba por el agua (Lot y Abraham, por ejemplo). Aun hoy en día el agua es motivo de disputas entre la gente.

En el desierto, el agua fue una preocupación constante para los hijos de Israel. Asimismo, recuerde que Moisés perdió los estribos por un asunto relacionado con el líquido elemento. En la actualidad, algunas culturas todavía adoran el agua.

Jesús quiere darnos agua viva. «Cualquiera que beba de esta agua [del pozo] volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:13, 14).

Señor, estamos sedientos; danos tu agua viva. Basado en Juan 4:5-26

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