Tú, Señor; me das luz; tú, Dios mío, alumbras mi oscuridad. Salmo 18:28

 Cuenta una fábula que cierta vez el diablo decidió retirarse después de tantos años de engañar a la gente. Hizo el anuncio público y también avisó que subastaría sus herramientas. Cuando llegó el día de la subasta, el local se llenó con gente de toda clase.

Allí, a la vista del público, se podía observar el arsenal del enemigo: los celos, la envidia, la calumnia, el apetito desordenado, el licor, las drogas, el tabaco, el odio… Había, sin embargo, una «herramienta» que no se exhibía con el resto. Estaba ubicada en un lugar especial. Su apariencia no era particularmente atractiva, pero su precio era muy superior al resto. ¿De qué se trataba?

Entonces el enemigo de las almas explicó: «Se trata de mi arma secreta. Durante años la he usado con éxito con toda clase de gente. Su valor radica en que me prepara el camino para hacer mi obra maligna sin dificultad».

—¿Y cómo se llama? —preguntó alguien.

—¿Qué otra cosa puede ser? —respondió el diablo—. Es el desánimo.

Dice la fábula que el diablo ni se retiró de su trabajo como engañador, ni vendió su arma favorita. Todavía hoy sigue usándola con la misma efectividad de siempre (adaptado de Signs of the Times [Señales de los tiempos], agosto de 2005, p. 29).

Es probable que ahora mismo, mientras lees estas líneas, las tinieblas del desaliento rodeen tu corazón. ¿Has sufrido algún fracaso sentimental? ¿No van bien las cosas en los estudios? ¿Te has peleado con tu mejor amigo o amiga? ¿Has experimentado algún rechazo en los últimos tiempos? ¿Tienes problemas con tus padres?

No hay nada de malo en que te sientas triste o desanimado, pero no permitas que el desaliento se apodere de ti. En primer lugar, porque con desanimarte no vas a solucionar ninguna de esas situaciones. En segundo, porque con tu desánimo estás mostrando desconfianza en el poder de Dios para satisfacer tus necesidades.

¿Qué tienes que hacer, entonces? Desecha esos pensamientos negativos. Elena G. de White escribe que resistir al desánimo es un deber tan positivo como el de orar (El ministerio de curación, p. 194). Piensa en todas las cosas buenas que Dios te ha dado y da gracias por ellas. Finalmente, por sobre todo, nunca olvides que Dios es la luz que alumbra tus momentos de oscuridad.

Gracias, Señor, porque tu luz alumbra mis momentos de oscuridad

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Matutinas Tx

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