«Tanto el que ara la tierra como el que trilla el grano deben hacerlo con la esperanza de recibir su parte de la cosecha» (1 Corintios 9:10).
Cuando yo era adolescente vivía en una granja. Alrededor de nosotros se extendían kilómetros y kilómetros de campos de caña de azúcar; maíz y soya. Cada primavera veía a los granjeros conduciendo sus grandes tractores a través de los campos y arando la tierra. ¿Para qué hacían eso? ¿Por qué no tiraban simplemente las semillas en la tierra y esperaban a que crecieran?
Los granjeros saben que deben preparar el suelo para que sus cultivos crezcan sanos y fuertes. La tierra debe ser separada para que el aire y el agua lleguen hasta las raíces de la planta. También se le agrega fertilizante para que las plantas tengan suficiente alimento. Sin el arado, no habría cosecha.
Así como la tierra necesita ser preparada para ser cultivada, los corazones de las personas necesitan ser preparados para aceptar a Jesús. Nosotros podríamos ser los «aradores» que les presenten el mensaje de Jesús. No lo sabemos, pero quizá algún día un pastor bautice a alguien que conoció a Jesús gracias a nosotros. Sigue arando para Jesús y fíjate en cómo Dios, el gran Granjero del universo, planta hermosos cultivos que cosechará para el reino

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