Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. (Santiago 1:3).

 Desde pequeña, mi madre me enseñó a confiar en Dios. Sin importar las circunstancias, siempre ruego para que Dios resuelva los problemas que van apareciendo en mi vida. Sin embargo, hasta que no experimenté algunas situaciones difíciles por mí misma, de esas que apenas permiten respirar, no pude entender lo que significa realmente confiar por completo en Dios.

La palabra «confiar» tiene varios significados, como «esperar con firmeza y seguridad» o «encargar o poner al cuidado de alguien algún asunto». Yo diría que debemos confiar a Dios todos nuestros asuntos, ponerlos a su cuidado, encargarle a él las soluciones. Todas nuestras aflicciones, dudas, quebrantos, temores y angustias debemos colocarlos en las manos del Todopoderoso. Son incontables las cosas que Dios hace a diario por nosotros, ¿a quién temeremos? ¿Por qué no ponemos nuestras batallas en sus manos? Quizá el problema reside en que no hemos aprendido a depender más de él.

En ocasiones, cuando vienen las pruebas, recurrimos a todos los medios a nuestro alcance para resolverlas, dejando la ayuda divina como último recurso. El Señor espera que solicitemos su intervención y todos sus ángeles están prestos para entrar en acción al ruego de un hijo de Dios. «En lugar de lamentos, lloro y desesperación, cuando las pruebas se acumulan sobre nosotros y nos amenazan como un inundación que quisiera abrumarnos, si no solamente oráramos pidiendo ayuda a Dios, sino que alabáramos al Señor por tantas bendiciones que nos ha dado —alabando a Aquel que es capaz de ayudarnos—, nuestra conducta sería más agradable a sus ojos, y veríamos más su salvación» (Notas biográficas, p. 285).

La Palabra de Dios dice que él escucha todas nuestras oraciones y las contesta. No dudemos en asirnos con toda confianza de las dádivas que el Señor nos concede. Aprendamos a confiar completamente en nuestro Padre, nuestro primer y más importante recurso. Lo que él decida es lo mejor para nosotros. Él nos da la salida, al mismo tiempo que llena nuestro corazón de paz y de gozo

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