«Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí» (Juan 5:39).
A mi esposa le encantan los mapas, sobre todo los atlas. Los estudia y descubre las semejanzas entre unos países y otros. ¿Cuáles son las principales ciudades? ¿Cuáles son los accidentes geográficos, los ríos, las montañas y las costas? ¿Cómo es el clima? ¿Las ciudades son, principalmente rurales o industriales? Aunque un mapa puede informar sobre un destino, no puede llevarnos a él.

Los hijos de Dios se preparan para emprender un viaje. Nuestro destino está muy lejos, pero tenemos un mapa que nos habla de cómo es el país. Nos habla de su capital, de sus accidentes geográficos, de sus ríos, de sus árboles, de sus animales, de sus mansiones, de un mar, de un templo y de un trono. El mapa nos habla de quién vive allí y de la gente que, a lo largo de todos los tiempos, espera llegar a él. Pero, aunque es un mapa excelente, no puede llevarnos al destino.

Este mapa es la Santa Biblia. Está a la disposición de casi todo el mundo y nos dice todo lo que necesitamos saber de nuestro destino: el cielo. Algunos piensan que basta con tener uno de esos mapas para llegar. Pero el solo hecho de escudriñar las Escrituras no es suficiente para asegurarnos la vida eterna. Tenemos que seguir a nuestro guía, Jesucristo, hacia nuestro destino. El mapa nos dice qué podemos hacer para que Jesús sea nuestro guía.

Desde el comienzo hasta el fin de su vida, Jesús vivió por la Palabra de Dios. «Escrito está» fue la espada del Espíritu con la que conquistó a Satanás (ver Mat. 4:4,7,10). «El Espíritu del Señor está sobre mí» (Lúc. 4:18). Abrió su ministerio evangélico citando este versículo del libro de Isaías. Explicó su sufrimiento y muerte con las palabras: «Para que la Escritura se cumpliera» (Juan 17:12). Después de la resurrección, explicó a los discípulos «en todas las Escrituras lo que de él decían» (Luc. 24:27).

La Biblia nos enseña a ser como Jesús. Había una vez un hombre que afirmaba no haber recibido inspiración de la Biblia a pesar de «haberla examinado de principio a fin». Su amigo le respondió: «Deja que ella te examine a ti “de principio a fin” y tu historia será otra». Basado en Juan 5:39.

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