No os olvidéis de la hospitalidad porque por ella algunos, sin saberlo hospedaron ángeles. (Hebreos 13:2).

Cada uno de los frutos del Espíritu Santo constituye para nosotros un desafío a poner en práctica tanto en nuestra vida personal como en el desempeño de nuestro ministerio. De entre todos los frutos que el Espíritu da a nuestras vidas, considero que la paciencia es una de las virtudes que más necesitamos como creyentes, y en especial como esposas de pastores.

En una ocasión leí que algunas de las cualidades que debe tener la esposa de un pastor incluyen la mansedumbre de una oveja, la melodía de una alondra, la disposición de un ángel y la paciencia de una hormiga. Lo cierto es que nos hace falta una gran dosis de paciencia a lo largo de nuestra vida, porque no son fáciles las pruebas que debemos enfrentar. Cuando las esposas de pastor somos jóvenes nos critican porque nos falta experiencia; pero por otro lado, cuando somos mayores, algunos nos consideran anticuadas. Asimismo, si ayudamos a nuestro esposo, nos etiquetan como entrometidas; si no lo hacemos, entonces no somos la ayuda idónea que todo el mundo espera que seamos.

Cada vez que somos trasladados a un nuevo distrito debemos ejercer mucha paciencia. Hemos de esperar con calma para que nuestras relaciones con los hermanos de la nueva iglesia se fortalezcan, y ellos reserven un lugar en su corazón y en sus afectos para nosotras, al igual que lo reservaron para la esposa del pastor anterior.

A menudo las actitudes impacientes pueden perjudicar las relaciones con la familia y con los hermanos y hermanas de la iglesia. Sin embargo, si dependemos del Espíritu Santo, quien es el que nos da la paciencia, no mostraremos un fruto artificial o perecedero, sino uno que podrá durar indefinidamente. Recordemos que el fruto de la paciencia, o el de cualquier otra virtud, no es algo fabricado o confeccionado, ¡sino que es algo que brota cuando tenemos el amor de Dios en nuestros corazones.

Elena G. de White escribió: «Aquellos en quienes habita este Espíritu revelan sus frutos: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe» (La maravillosa grada de ‘; Dios, p. 195). Que el Espíritu de Dios pueda habitar en ti, querida amiga esposa de pastor, para que recibas los frutos que necesitaras en el desarrollo de tu ministerio

(1909)

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