Impresiones, sentimientos y drogas, 13 de agosto
De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Salmos 119:104.
Son muchos los espíritus inquietos que no quieren someterse a la disciplina, el sistema y el orden. Piensan que sus libertades
quedarían cercenadas si pusiesen a un lado su propio juicio y se sometiesen al de personas de experiencia. La obra de Dios no
progresará a menos que los hermanos decidan someterse al orden y expulsar de las reuniones el espíritu temerario y desordenado del
fanatismo. Las impresiones y los sentimientos no son evidencia segura de que una persona es conducida por el Señor. Satanás creará
sentimientos e impresiones, si [241] no se sospecha de él. Estas cosas no son una guía segura. Todos deben familiarizarse cabalmente con
las evidencias de nuestra fe, y el gran objeto de su estudio debe ser cómo adornar la profesión de fe con frutos dignos de la gloria de
Dios.—Joyas de los Testimonios 1:162.
Durante algún tiempo (un paciente del sanatorio de Battle Creek) supuso que tenía nueva luz. Estaba muy enfermo y pronto
iba a morir… Presentó sus visiones a algunos que lo escucharon con avidez y lo consideraron inspirado… Muchos creyeron que su
razonamiento era perfecto y hablaron de las poderosas exhortaciones pronunciadas por él en su cuarto de enfermo. Las visiones
más maravillosas habían pasado delante de sus ojos. Pero, ¿cuál había sido la fuente de su inspiración?: La morfina que se le había
administrado para calmar sus dolores.—RB, 54.
Los venenos contenidos en muchos así llamados remedios crean hábitos y apetitos que labran la ruina del alma y del cuerpo.
Muchos de los específicos populares, y aun algunas de las drogas recetadas por los médicos, contribuyen a que se contraigan los
vicios del alcoholismo, del opio y de la morfina, que tanto azotan a la sociedad.—El Ministerio de Curación, 88.
Si la bendición que aseguran haber recibido los que se dicen santos, los lleva a confiar en una determinada emoción y a declarar
que no necesitan escudriñar las Escrituras para conocer la voluntad revelada de Dios, esa supuesta bendición es una impostura,
pues hace que sus poseedores den importancia a sus emociones y fantasías no santificadas, y cierren sus oídos a la voz de Dios
manifestada en su Palabra.—RB, 55.

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