MujeresDe la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó: “Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará ‘mujer’ porque del hombre fue sacada”. Génesis 2:22-23

Eva fue el acto culminante de la creación de Dios. Era físicamente perfecta, tenía un intelecto brillante y poseía una gran sensibilidad para apreciar todo el amor de su Creador. A pesar de ello, cayó en una trampa. Deslumbrada por un ser sobrenatural que le prometió sabiduría extraordinaria y poder, desvió su mirada de Dios. El resultado final fue la desobediencia, y como consecuencia, la separación de Dios. Cuando Eva escuchó y obedeció la voz de la serpiente, bajó el primer peldaño de la escalera de la degradación humana. Por decisión propia abandonó la posición especial y privilegiada que Dios le había dado al crearla, para correr su propia suerte. Y a pesar de que muy pronto se dio cuenta de su error, ya no era posible dar marcha atrás. Los primeros efectos de su mala decisión se dejaron sentir en su relación con Dios, y casi simultáneamente en la relación con su esposo Adán.

Posteriormente, cuando sus hijos nacieron, ellos también fueron víctimas del error de su madre. La desobediencia de Eva no fue premeditada. Ella tenía la convicción de que la voluntad de Dios estaba por encima de la suya. No obstante, sin darse cuenta, lúe acorralada por la astucia del maligno. El primer paso de su caída fue dudar de la sabiduría de Dios para confiar en las insinuaciones de un desconocido. El segundo paso consistió en dejarse seducir por las propuestas de Satanás. El fruto era hermoso e indispensable para alcanzar sabiduría. Fue en aquel momento cuando Eva comenzó a actuar por su propia cuenta, y después se produjo la caída. La seducción sigue siendo una de las armas más eficaces de Satanás, y nosotras sus presas favoritas. El peligro de la seducción consiste en pensar que, con las capacidades que tenemos, somos autosuficientes para construir vidas exitosas. Olvidamos que el precio que pagamos por esa infatuación es demasiado elevado. Eva tuvo su tiempo en el pasado, pero hoy, tú y yo, nos encontramos en el escenario de la vida como protagonistas. Pensemos que de las decisiones que tomemos hoy depende nuestra permanencia en Cristo y también la de nuestros seres amados.

 

Lecturas Devocionales para la Mujer

Aliento para cada día

Por: Erna  Alvarado

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