Pon tu vida en las manos del Señor; confía en él, y él vendrá en tu ayuda. Salmo 37:5.

 Cuando Florence tenía apenas 16 años sintió que Dios la llamaba a cumplir una misión especial: dedicar su vida al cuidado de los enfermos. Pero cuando comunicó su deseo a sus padres, estos no lo podían creer. En Londres, ser enfermera en ese tiempo casi equivalía al trabajo de una doméstica.
La oposición de su familia no la hizo desistir. En secreto, Florence se dedicó a leer sobre Enfermería, Salud Pública y Administración de Hospitales. A los pocos años, se podía decir que era una experta. En 1850, en contra de la voluntad de su familia, ingresó a una escuela de Enfermería. En mayo de ese mismo año escribió en su diario: «Dios, me entrego en tus manos» (John Hudson Tiner, For Those Who Daré [Para los que se atreven], p. 188).
Cuando culminó sus estudios, Florence estaba lista para cumplir su misión. Solo hacía falta un escenario para demostrarlo. La Guerra de Crimea le proveyó ese escenario. Inglaterra y Francia se habían aliado para defender a Turquía de la agresión de Rusia. Pero eran más los heridos que morían por falta de adecuada atención que los que morían en el campo de batalla. Tan solo en el Hospital de Scutari, Turquía, la tasa de mortalidad era del sesenta por ciento. Las ratas, el agua contaminada, el hacinamiento, el manejo inadecuado de los alimentos: todo se combinaba para que la muerte reinara a su gusto. Es decir, hasta que Florence llegó al lugar el 4 de noviembre de 1854.
En cuestión de días el hospital fue transformado. Florence ordenó que la basura se botara lejos de los enfermos; hizo construir más ventanas, estableció controles para el manejo de alimentos, el lavado de la ropa, etc. En pocas semanas la tasa de mortalidad bajó ¡al uno por ciento! (William J. Bennett, Virtues of Leadership [Las virtudes del liderazgo], p. 57). Mientras el personal dormía, Florence, lámpara en mano, hacía una ronda nocturna, para asegurarse de que nada le faltara a los heridos.
Cuando regresó a Inglaterra en 1858, Florence Nightingale solo era superada en popularidad de la Reina Victoria. Luego escribió varios libros de texto sobre Enfermería y echó las bases para fundar lo que hoy conocemos como las escuelas de Enfermería de las universidades modernas.
¡Todo el bien que un joven puede hacer cuando coloca su vida en las manos de Dios!
Señor, indícame mi misión en la vida. Me coloco hoy en tus manos para cumplirla

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