Pero el que me escuche vivirá confiadamente, estará tranquilo, sin temor del mal. (Proverbios 1:33).
El texto bíblico de la meditación de hoy es uno de mis versículos favoritos. Recuerdo que desde muy niña mi madre me pedía que le leyera la Biblia. Prácticamente puedo decir que así aprendí a leer. Al familiarizarme con tantos bellos relatos y con sus protagonistas, también aprendí que la obediencia es importante en la formación del carácter.
¡Obedecer! ¡Cuánto nos cuesta obedecer! Sobre todo porque la naturaleza humana no se inclina a hacerlo. Muchas veces fui castigada por no obedecer, pero las enseñanzas relacionadas al castigo quedaron grabadas en mi mente infantil, e hicieron eco más tarde en mi conducta de joven y de mujer adulta.
Hay expresiones en la Biblia que pueden ayudarnos respecto a la obediencia y al desarrollo de nuestro carácter. Te animo a que las recuerdes a diario:
  • «Habla Señor, que tu siervo escucha», como dijo Samuel.
  • « ¿Cómo haría yo tan grande mal pecando contra Dios? », preguntó José.
  • «Oh rey, nuestro Dios puede librarnos de tu mano», afirmaron con gran seguridad los jóvenes hebreos ante el rey Nabucodonosor.
  • «¿Quién sabe si para este tiempo he sido llamada? ¡Si perezco que perezca!», exclamó Esther.
  • «No fui rebelde a la visión celestial» dijo Pablo, animándonos a ser obedientes.
  • «No como yo quiero, sino como tú», nos invita Jesús.

Las expresiones anteriores y otras tantas son un legado de obediencia y representan la clave para vivir una vida feliz.

El mismo Jesús nos dio un gran ejemplo de obediencia al morir en la cruz del Calvario. ¡Cuán grande amor! Un amor que ha impactado mi vida y que he compartido con mis hijas y demás familiares. Un amor que asimismo deseo compartir contigo.
Hermana mía, ¡te animo hoy a que no seas rebelde «a la visión celestial»!

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