«Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna» (Juan 6:27).

Los judíos estaban exasperados del dominio romano. Trabajaban duro para alimentar y vestir a sus familias; pero el gobierno romano los obligaba a pagar elevados impuestos. Anhelaban el día en que su prometido Mesías los liberara y pudieran volver a ser una nación independiente. ¿Se imagina las esperanzas que alimentaron al ver los prodigios que hacía Jesús? Ante sus propios ojos, sanaba a los enfermos y acababa de alimentar a miles de personas con tan solo partir unos pocos alimentos. ¿Por qué no coronarlo rey inmediatamente? Con un rey así, se habrían acabado sus problemas. Jesús conocía los pensamientos de la multitud y por eso, una vez que hubieron acabado de comer, los envió a todos de vuelta a sus casas.

Pero la gente insistía. Estaban decididos a conseguir que Jesús fuese su rey y, en barca, lo buscaron. Cuando lo encontraron en Capernaúm le preguntaron cómo había llegado. Jesús sabía por qué lo habían seguido y respondió: «De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis» (Juan 6:26).

Amar a Jesús y orar a Dios está bien. ¿Pero es posible que lleguemos a pensar en él como si se tratara de una máquina expendedora celestial? ¿Podría ser que usted y yo estemos sintiendo atracción hacia Jesús por razones materiales? Jesús nos invita a llevarle todas nuestras necesidades; pero, ¿es esta la razón por la que decimos que somos cristianos?

¿Qué es más importante para nosotros, la vida material o la vida espiritual? Es una cuestión de prioridades. He oído que algunos telepredicadores actuales dicen que, si acudimos a Jesús, él nos hará ricos. Este es un motivo equivocado. No tendríamos que ver al Señor como una mera solución a nuestros problemas materiales. Si lo hacemos, cuando nuestras necesidades estén cubiertas, tenderemos a olvidarnos del Señor.

Oremos para que Dios no permita que quedemos tan atrapados en los asuntos materiales de la vida presente que nos olvidemos de mirar a Aquel que prometió darnos la vida eterna. Basado en Juan 6:1-71

(337)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*