Si hoy escuchan ustedes lo que Dios dice, no endurezcan su corazón. Hebreos 4:7

Si Ripley, el autor de la famosa serie «Aunque usted no lo crea», hubiera existido cuando el Imperio Romano estaba en su esplendor, creo que habría incluido a Félix en su repertorio de casos increíbles.

Félix fue un esclavo que llegó a ser gobernador de Judea y Samaria, gracias a los «buenos oficios» de su hermano Pallas. Félix y Pallas habían sido esclavos de Antonia, la madre del emperador Claudio. Cuando Antonia murió, los dos hermanos pasaron a servir al emperador. Pallas llegó a ser uno de los siervos favoritos de Claudio, y cuando se necesitó un gobernador para Judea, Pallas usó su influencia para que su hermano Félix se quedara con el cargo.

Como esclavo, Félix no tenía posibilidad alguna de casarse con un miembro de la realeza. Pero como gobernador, la cosa cambió por completo. Gracias a esa posición de poder, Félix logró casarse con Drusila, la hija menor de Herodes Agripa I.

Un día, ya siendo oficial del Imperio, Félix escuchó predicar al apóstol Pablo. Dice la Biblia que cuando Pablo «habló de una vida de rectitud, del dominio propio y del juicio futuro, Félix se asustó y le dijo: “Vete ahora. Te volveré a llamar cuando tenga tiempo”» (Hech. 24:25). Pero Félix postergó su decisión y nunca se arrepintió. ¿Por qué? Sospecho que la respuesta hay que buscarla en una persona que ese día estaba en el salón, muy cerca de él, y que también escuchó el sermón de Pablo. Su nombre: Drusila. Para entregarse a Cristo, Félix primero debía abandonar a Drusila, con quien estaba casado de manera ilegítima. Y ese, al parecer, era un precio que Félix no estaba dispuesto a pagar.

¡Qué triste! En realidad, Félix nunca dejó de ser esclavo.

Cuando pienso en Félix, me pregunto: ¿Qué o quién ocupa el primer lugar en mi vida? ¿Y en tu vida? ¿Hay algo (una persona, un hábito, un pasatiempo…), que en este mismo momento se está interponiendo entre Dios y tú; algo que te impide entregarle tu corazón al Señor Jesús? Si lo hay, tienes dos opciones.

Una, al igual que Félix, postergar la decisión de arrepentirte. La otra, la que sugiere nuestro versículo de hoy: no endurecer tu corazón. Definitivamente, esto último es lo mejor.

Señor Jesús, ayúdame a darte el lugar central en mi corazón, comenzando hoy.

(318)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*