Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. (Marco 6:33).

Recuerdo un jueves que comenzó como cualquier otro día. Fui al trabajo, y cerca del mediodía, al despedirme de mis compañeras, noté que algunas trataban de evitarme, como si temieran encontrarse conmigo. Una de ellas lloró, pero yo me hice la fuerte y mis lágrimas se quedaron dentro, donde únicamente Dios podía verlas.

Siempre he sido muy sensible, sin embargo, Dios ha sido especial conmigo, ya que me permitió comprender que el cáncer no es un problema sino una circunstancia adversa. Desde el momento en que reconocí aquello recibí, las fuerzas para no llorar. Muchas veces sí te das cuenta de que los seres que te aman están sufriendo por ti, y te dices: «No puedo llorar». Al verlos tan tristes sientes el deseo de darles ánimo, ya que si ellos te ven fuerte se sentirán con más esperanzas.

El cáncer es una enfermedad que afecta a la mente, al cuerpo y al espíritu. Es innegable que una actitud proactiva y un espíritu positivo ayudan al paciente a sobrevivir. Por otro lado la ira, la soledad y la tristeza provocan un fuerte estrés en el organismo. Un espíritu lleno de amor y perdón contribuirá a mejorar la salud, al igual que relajarse y tomar la decisión de disfrutar de cada aspecto de la vida. Estas son herramientas útiles para los enfermos.

Cada tres semanas debía recibir una sesión de quimioterapia. Siempre me acompañaba alguna amiga, o mi hermana y mi esposo. Creo que trataban de darme todo el ánimo posible, mientras que yo me esforzaba por no defraudarlos. Creo que es muy importante aceptar con entereza el desafío que representa este tipo de enfermedad, ¿ponernos en las manos de Dios, a la vez que decidimos luchar sin descanso.

Recuerdo que muchas veces me dejé agobiar por las cosas de este mundo: por el trabajo, por los estudios, por todo. Hoy reconozco que debemos seguir el ejemplo de Jesús, que ponía a Dios por encima de todo.

Querida amiga, recordemos buscar «primeramente el reino de Dios y su justicia» (Mat. 6:33), ¡y todas las demás cosas nos serán añadidas!

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