Estad preparados, 17 de octubre
También vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. Mateo 24:44.
Suponed que Cristo apareciera hoy en las nubes del cielo, ¿quién… estaría listo para encontrarse con él? Suponed que fuéramos
trasladados al reino de los cielos así como estamos. ¿Nos hallaríamos preparados para unirnos con los santos de Dios, y vivir en
armonía con la familia real, los hijos del Rey celestial? ¿Qué preparación habéis hecho para el juicio? ¿Estáis en paz con Dios?…
¿Estáis procurando ayudar a los que os rodean, los que están en vuestro hogar, en vuestro vecindario, a aquellos con quienes os
relacionáis y que no guardan los mandamientos de Dios?… Recordad que la profesión carece de valor sin una práctica que se entreteja
con la vida diaria. Dios sabe si en verdad estamos observando su ley. Conoce lo que hacemos, pensamos y decimos. ¿Nos estamos
preparando para encontrarnos con el Rey? Cuando venga en las nubes del cielo con poder y grande gloria, ¿podréis decir: “He aquí,
éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará”? Isaías 25:9. A los que puedan decir esto Cristo les dirá: “Venid más alto. En
esta tierra me habéis amado. Estuvisteis dispuestos a hacer mi voluntad. Podéis entrar ahora en la Santa Ciudad y recibir la corona de
la vida eterna”.
Si fuera posible que se nos admitiera en el cielo como estamos, ¿cuántos de nosotros podríamos mirar a Dios? ¿Cuántos de
nosotros tenemos el vestido de bodas? ¿Cuántos de nosotros estamos sin mancha ni arruga o alguna cosa semejante? ¿Cuántos de
nosotros somos dignos de recibir la corona de la vida?…
Este es el tiempo de que disponemos para [308] lavar y planchar: El tiempo cuando hemos de lavar nuestros vestidos en la sangre del
Cordero… ¿No permitiremos que el pecado se aleje de nosotros?…
Os ruego, hermanos y hermanas, que trabajéis con fervor para aseguraros la corona de la vida eterna. La recompensa será digna
del conflicto, digna del esfuerzo… En la carrera que estamos corriendo, cada uno puede recibir la recompensa ofrecida: La corona de
la vida eterna. Yo anhelo esa corona; quiero decir que deseo lograrla con la ayuda de Dios. Quiero significar que me aferraré a la
verdad, hasta que pueda ver al Rey en su hermosura.—The General Conference Bulletin, 6 de abril de 1903.

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