Nada podrá separarnos del amor de Dios. (Romanos 8: 38)

Imagina a los famosos y millonarios deportistas de hoy día. ¿Puedes nombrar a uno de ellos cuyo libro predilecto sea la Biblia y la música religiosa sea su favorita?  Si lo que él mismo ha dicho es cierto, uno de esos deportistas es el brasileño Ricardo Izecson dos Santos Leite, mejor conocido como Kaká. Y no cuesta mucho creerle, porque no pierde oportunidad para dar gracias públicamente a Dios por sus logros deportivos. Una de esas ocasiones se produjo apenas se oyó el silbato que declaró el triunfo de su equipo en la Liga de Campeones de Europa. Kaká no tuvo ningún problema en levantarse su camiseta de juego y mostrar ante millones de espectadores una franela con la inscripción «I belong to Jesus» («Pertenezco a Jesús»). Cuando en el 2007 fue declarado el Jugador del Año de la FIFA, expresó: «La Biblia dice que Dios está dispuesto a darte más de lo que le puedes pedir».

El testimonio de Kaká nos recuerda a A. C. Green, un jugador de basquetbol de la NBA, quien colocó en la puerta de su guardarropa la cita de Filipenses 4: 13: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (RV95). Mientras otros jugadores hacían alarde de sus «hazañas» sexuales, Green se dedicaba a dar charlas a estudiantes de secundaria, animándolos a mantenerse puros sexualmente (Colleen L. Reece y Julic Reece–De Marco, Finding Your Way [Hallar tu camino], p. 8).
¿Y cómo no recordar el testimonio de otra superestrella del basquetbol, Julius Erving, mejor conocido como «Doctor J.»? Después de llevar a su equipo, los Filadelfia 76′, al campeonato de la NBA, un reportero lo entrevistó:
—Dr. J., ¿cuál es el secreto de su éxito?
—Hay dos factores que me ayudan —respondió el jugador—. Uno es mi familia. Pero más importante aún es que yo le he entregado mi corazón al Señor Jesucristo. Él es el centro de mi vida y merece todo el crédito por mis logros dentro y fuera de la cancha (Jon Paulien, Present Truth in the Real World [La verdad presente en el mundo real], p. 58).

Dios tiene sus testigos también en el terreno de juego. Y esos testigos están diciendo al mundo que los observa que ni el dinero, ni la fama, ni ningún otro factor terrenal, tienen por qué separarnos del amor de Cristo.

Dios mío, que nada en este mundo me separe del amor de Cristo, mi Señor.

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