La victoria de los santos que duermen, 19 de octubre
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron
lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. Juan 5:28, 29.
En la primera resurrección el Dador de la vida llamará a su posesión adquirida, y hasta esa hora de triunfo, cuando resuene la
trompeta final y marche ese vasto ejército hacia la victoria eterna, todo santo que duerme estará en un lugar seguro, y será guardado
como joya preciosa, a quien Dios conoce por su nombre. Gracias al poder del Salvador que moraba en ellos mientras vivían, y debido
a que fueron participantes de la naturaleza divina, serán levantados de entre los muertos.—Carta 65a, 1894.
“Vendrá hora” dijo Cristo, “cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y… saldrán”. Juan 5:28, 29. Esa voz resonará
en todas las moradas de los muertos; y cada santo que duerme en Jesús despertará y dejará su prisión. Entonces el carácter virtuoso
que hemos recibido por medio de la justicia de Cristo, nos vinculará con la verdadera grandeza, del más alto nivel.—The Review and
Herald, 20 de septiembre de 1898.
Gloriosa será la victoria de los santos que duermen [en el Señor] en la mañana de la resurrección… El Dador de la vida coronará
de inmortalidad a todos los que se levanten del sepulcro.—The Youth’s Instructor, 11 de agosto de 1898.
Allí está la hueste resucitada. Su último pensamiento se refería a la muerte y sus angustias. Sus ideas postreras tenían que ver con
el féretro y la [310] tumba. Pero ahora exclaman: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1 Corintios
15:55… Allí están en pie; y reciben el toque final de la inmortalidad cuando salen para encontrarse con el Señor en el aire… Hay dos
filas de ángeles, una a cada lado… entonces la hueste angélica da la nota de victoria y las dos filas de ángeles inician el himno, y la
hueste de los redimidos se les une como si ya lo hubieran entonado sobre la Tierra; y en realidad, lo han hecho. ¡Oh, qué música! No
hay una sola nota discordante. Toda voz proclama: “El Cordero que fue inmolado es digno”. Él, por su parte, contempla el resultado
de la angustia de su alma y se siente saciado.—Manuscrito 18, 1894.
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