Miércoles 2 de agosto 2017 | Devoción Matutina para Damas | Dios es tan bueno

No te desampararé ni te dejaré” (Heb. 13:5).

Para agosto de 1998, llevaba dieciocho meses con problemas de salud. Me habían puesto bajo el cuidado de un neurólogo, con quien había dialogado sobre mis dolores de cabeza y mis náuseas. Había perdido peso y energía.
Perdí mi trabajo… y la esperanza. Aunque solo tenía 42 años, me sentía lista para morir. Descartaron vértigo y me remitieron a un quiropráctico, que pidió a mi neurólogo una resonancia magnética.
La resonancia reveló una masa del tamaño de una pelota de golf en mi cerebro.
Esa misma tarde, se programó una cirugía inmediata, para extirparla. Pedí sabiduría a Dios; y notifiqué a mis padres y a mi hija mayor de mi ingreso en el hospital. Estaba feliz de tener una explicación a mis problemas de salud, pero fue un choque muy fuerte para familiares y amigos. Muchos sabían que tenía problemas, pero no creían que fueran tan graves. Miembros de la familia se acercaron para brindarnos apoyo, y excompañeros de trabajo me visitaron en el hospital.
Mi familia se preguntaba cómo pagaría los gastos médicos. En momentos como ese, todo lo que puedes hacer es orar a Dios para que te ayude a seguir adelante.
Gracias a la inspiración del Espíritu Santo, yo había seguido pagando una póliza de seguro. Luego de todos mis tratamientos médicos, sumé las cuentas. El costo total había sido un poco más de treinta mil dólares, y solo tuve que pagar de mi bolsillo mil. ¡Dios es tan bueno!
Mis amigos y familiares me ayudaron financieramente, y me proporcionaron cuidado las 24 horas del día, hasta que pude volver a ser independiente. Compañeros de trabajo me trajeron comida durante semanas; otros me llevaban a los tratamientos de radiación. Aunque fue duro, aprendí a caminar de nuevo: primero, con una silla de ruedas; después, con un andador; y finalmente, con mis dos piernas. Cuando agradecí al quiropráctico, cinco años después, por su ayuda desde el comienzo, me sugirió que comenzara una “cadena de favores” para ayudar a otros. Lo hago cada vez que puedo. Quiero hacer el bien a los demás, como Dios me lo ha hecho a mí.
¡Dios es bueno conmigo, y contigo! En este momento, piensa en cómo te ha bendecido a ti, a tu familia y a tus amigos. Entonces, ve y pasa el favor. ¡Bendice a alguien hoy!
CaroI Jean Marino

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017
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