Domingo 2 de julio 2017 | Devoción Matutina para Adolescentes | Mordiendo el polvo

” ¡Cuán solitaria ha quedado la ciudad antes llena de gente! ¡Tiene apariencia de viuda la ciudad capital de los pueblos! ¡Sometida está a trabajos forzados la princesa de los reinos!” (Lamentaciones 1:1).

Me senté sobre las vigas metálicas del edificio en construcción, mirando hacia abajo.
Cada noche, después de cenar, mis compañeros misioneros y yo nos reuníamos allí para ver la puesta de sol sobre aquel pueblito nicaragüense de diez mil habitantes. Pero aquella noche algo me llamó la atención. Cuando oscureció, me fijé en la luz de un televisor que resplandecía en una pequeña vivienda. Era una casucha que se encontraba en las inmediaciones del terreno de la iglesia, y estaba hecha de palos y cajas de cartón. Dentro había cuatro personas sentadas alrededor del televisor, que recibía la corriente directamente de un cable de la calle. Se la señalé a mis compañeros y se quedaron boquiabiertos. ¿Cómo puede la gente vivir así? ¿Qué pasará con las cajas de cartón cuando llueva? A la mañana siguiente fui a observar de nuevo a nuestros vecinos, pero solo había un palo donde había estado la casucha. Obviamente alguien los había echado de allí, y habían tenido que recoger sus cosas y largarse a otro lugar.
Cuando leo el libro de Lamentaciones, siento algo similar a lo que sentí viendo a aquella familia en su pobre casucha de cartón. No puedo imaginar qué es vivir así, como tampoco puedo imaginar qué se siente al ver cómo destruyen tu casa, cómo matan a tus familiares y amigos o los encadenan para llevarlos a otro país como esclavos. Jeremías tuvo que ver cómo se llevaban a cabo los juicios de Dios que él mismo había predicho durante cuarenta años. Sabía que ocurriría, pero el hecho de saberlo no hizo que fuera menos doloroso. Tal fue su dolor que llegó a decir que se sentía como sí se le hubieran estrellado los dientes contra el suelo y estuviera mordiendo el polvo (Lam. 3:16). La verdad, no puedo entender cómo se sintió al ver a su país literalmente arrasado y a su pueblo cautivo. Pero, aun en
medio de tan profundo dolor, Jeremías tuvo fe en las promesas de Dios. Sabía que el castigo venía de Dios, pero que también Dios había prometido que su pueblo volvería a su tierra.
Jeremías siguió adelante con su vida, igual que aquella familia de la casucha de cartón, sabiendo que encontraría otro lugar a donde ir. Tal vez, la tragedia de Jeremías nos resulte lejana, pero recuerda que siempre podemos confiar en Dios cuando las cosas nos van mal.
GH

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017
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