Domingo 2 de julio 2017 | Devoción Matutina para Damas | Te veré en la mañana

“El Señor mismo […] descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, […] seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire” (1 Tes. 4:16,17).

Era el fin de un caluroso día de verano. Yo estaba embarazada, cansada, y aparentemente de mal humor, porque Teddy, de tres años, comentó: “¡Veo una niña pequeña que está cansada y tiene sueño!” ¿Quién podría estar de mal humor, después de eso? A la hora de dormir, nos acostamos con él, mamá de un lado y papá Ted del otro, y le cantamos “Duérmete, niño”.
El hermanito menor, Tim, llegó unos meses después, y aquellas canciones de cuna se vieron reemplazadas por la mecedora y por nuevas canciones. Demasiado pronto se hicieron hombres… y quedamos con el nido vacío.
Varios años después de jubilarse, a Ted le diagnosticaron cáncer de próstata. Tras un tratamiento agresivo, estuvo bien un par de años, pero el cáncer volvió, se extendió a sus huesos y… perdió la batalla. Estábamos devastados. Pero Teddy se constituyó en un gran consuelo para mí, llamándome cada domingo por la noche desde su hogar en Colorado al mío, en Carolina del Norte. Sin importar cómo hubiera sido el día, siempre encontrábamos algo por lo cual reír.
Menos de dos años después del fallecimiento de Ted, Teddy supo que él también tenía cáncer. Siendo una persona muy privada, y soltero, no quiso que su familia ni sus amigos de la iglesia lo supieran. Finalmente, me lo confesó a mí. Cuando se puso más grave, permitió que otros se enteraran. Su prima, Cathie, que también vivía en Denver, le llevaba comida. Su hermana, Annie, voló desde Seattle para ayudar. Tim y yo tomamos un avión a Colorado, mientras la familia de Tim manejaba hasta allí. Para entonces, Teddy estaba hospitalizado, y el cáncer se había extendido por todo su cuerpo.
La familia se reunió alrededor de su cama para decirle que lo amábamos, para cantar himnos y repetir preciosas promesas bíblicas. Tenía un tubo en la boca, por lo que no podía hablar, pero podía escuchar y asentir. Oramos por su recuperación. Pero puedo imaginar a un Padre amante que dijo: “Conozco un niño pequeño que está cansado y con sueño. Duérmete, mi niño”. Teddy ahora descansa, hasta que suene la trompeta y los muertos en Cristo resuciten primero. Entonces habrá sanidad.
Buenas noches, hijo. ¡Te veré en la mañana!
MaryJane Graves

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017
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