Sábado 2 de septiembre 2017 | Devoción Matutina para Adultos | Un pequeño cielo en la tierra

LA FAMILIA DE DIOS
«Vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente». Tito 2: 12

DEBEMOS PERMITIR que Cristo entre en nuestros corazones y en nuestros hogares.
Debiera hacerse del hogar todo lo que la palabra implica. Debería ser un pequeño cielo en la tierra, un lugar donde se cultiven los afectos en vez de que se los reprima deliberadamente. Nuestra felicidad depende de que cultivemos el amor, la comprensión y la verdadera cortesía mutua. La razón por la que hay tantos hombres y mujeres de corazón duro en nuestro mundo es porque el verdadero afecto ha sido considerado como debilidad y se lo ha desalentado y reprimido. La mejor parte de la naturaleza de personas de esta clase fue pervertida y deformada en la infancia, y a menos que los rayos de la luz divina puedan derretir su frialdad y su egoísmo insensible, la felicidad de los tales está enterrada para siempre. Si queremos tener corazones tiernos, como tuvo Jesús al estar en la tierra, y compasión santificada, como los ángeles la tienen por los mortales pecadores, debemos cultivar esa ternura de la infancia, que no tiene doblez. Entonces seremos refinados, elevados y dirigidos por principios celestiales.
Un intelecto desarrollado es un gran tesoro; pero sin la influencia suavizadora de la ternura y el amor santificado, no es de mayor valor. Debiéramos tener palabras y hechos de amorosa consideración hacia otros. Podemos manifestar mil pequeñas atenciones en palabras amigables y miradas agradables, lo cual se reflejará sobre nosotros nuevamente. Los cristianos desconsiderados manifiestan por su descuido de los demás que no están unidos a Cristo. Es imposible estar unidos a Cristo y sin embargo ser poco amables con otros y olvidarnos de sus derechos. Muchos anhelan intensamente ser objeto de la comprensión y la amistad. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros una identidad propia, que no puede fusionarse en la de otra persona; pero nuestras características individuales serán mucho menos prominentes si ciertamente somos de Cristo y su voluntad es la nuestra. Nuestras vidas debieran estar consagradas al bien y a la felicidad de otros, como estuvo la de nuestro Salvador. Debiéramos olvidarnos del yo, buscando siempre oportunidades, aun en las cosas pequeñas, para mostrar gratitud por los favores que hemos recibido de otros, y estando atentos para ver oportunidades de alegrar a otros y aligerar y aliviar sus tristezas y cargas mediante actos de tierna bondad y pequeños actos de amor. Estas atentas cortesías que, comenzando en nuestras familias, se extienden fuera del círculo familiar, contribuyen a formar la suma de la felicidad de la vida; y el descuido de estas cosas pequeñas constituye la suma de la amargura y tristeza de la vida.— Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 591-592.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2017
DE VUELTA AL HOGAR
Elena G. de White
Lecturas devocionales para Adultos 2017

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