MujeresNo temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Isaías 43:1

Hace algunos años, debido a las circunstancias que imperaban en mi país, tuve que vivir un toque de queda. Nadie podía circular libremente por las calles en el horario que las autoridades habían fijado, con la finalidad de proteger a la ciudadanía. Cuando por causa de una emergencia teníamos la necesidad de salir a la calle dentro del horario restringido, teníamos que cumplir con dos requisitos cuando nos topáramos con los responsables del orden público. Primero, había que levantar en alto un pañuelo blanco, y acto seguido, contestar sin titubear a dos preguntas: “¿Quién eres?” “¿A dónde vas?” La voz imponente de los guardias nos urgía a contestar prontamente: “¡Identifíquese! ¡Identifíquese!” “¡Diga hacia dónde se dirige!” Si contestábamos con seguridad y prontitud, teníamos el salvoconducto para ir hasta nuestro destino y volver con seguridad. Más aún, los guardias nos escoltaban. De la respuesta a esas dos preguntas dependía nuestra vida.

Creo que como hijas de Dios deberíamos tener una respuesta pronta y convincente a estas dos preguntas. Sobre todo en un mundo en el que tantas mujeres viven sin saber quiénes son y desconocen su destino final. También porque de las respuestas que demos dependerá que obtengamos la vida eterna. Me gustaría transmitirte un sentimiento de gozo y gratitud porque, en medio de la incertidumbre, nosotras conocemos nuestra identidad y sabemos cuál es la ruta que nos conducirá al destino final. Dios mismo nos la confirma cuando dice: “Te he llamado por tu nombre, tú eres mía. Yo estaré contigo” (ver Isa. 43:1-2).

Amiga, gózate en el Señor, pues tu identidad fue determinada en la mente y el corazón de Dios, y nada ni nadie puede cambiar esa realidad. Por otro lado, al reconocernos como hijas de Dios, también nos damos cuenta de que tenemos una encomienda sagrada que cumplir, lo que da sentido a la vida, la enriquece y la proyecta hacia cosas superiores, objetivos nobles. Esto, hasta el día memorable en que seremos trasladadas a nuestro hogar eterno. No permitas que las preocupaciones, los fracasos y los chascos propios de la vida, te hagan perder de vista quién eres y cuál es el propósito que tiene Dios para ti. Nuestros hogares, nuestras familias y el prójimo necesitan mujeres de convicciones firmes que tengan creencias sustentadas en lo que jamás desaparece, en lo eterno, en Dios mismo.

Lecturas Devocionales para la Mujer

Aliento para cada día

Por: Erna  Alvarado

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