«No apaguen el fuego del Espíritu» (1 Tesalonicenses 5:19).

 En nuestro camino por el desierto hoy vamos a hablar otra vez del fuego. El fuego era muy importante para la gente de los tiempos bíblicos. De hecho, era tan importante que mañana vamos a hablar otra vez de él. Ya hemos visto que los israelitas usaban e fuego para derretir el metal y crear objetos, así como para cocinan dar calor y alumbrarse.

Cuando un campista israelita hacía una fogata, esta comenzaba siendo pequeñita. Primero encendía pequeños trozos de madera, después iba incorporando ramas más grandes y finalmente terminaba echando troncos en ella, de manera que el fuego ardía durante mucho tiempo.

El Espíritu Santo está tratando de encender ese «fuego» en ti. Él comienza con cosas pequeñas, como ayudarte a entender su amor por ti. A medida que creces y comienzas a conocer mejor a Dios, el Espíritu Santo te va enseñando más y más hasta que tu fuego por él brille enérgicamente y permanezca en ti. El versículo de hoy nos dice que no debemos apagar el fuego del Espíritu. No apagues tu fuego por Jesús escogiendo el pecado. No dejes que Satanás te engañe haciéndote creer que su camino es mejor que el de Dios. Deja que el fuego del Espíritu se mantenga hasta que Jesús regrese por ti

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