Viernes 23 de junio 2017 | Devoción Matutina para Adolescentes | No te lo vuelvas a perder

“El Señor quiso que su siervo creciera como planta tierna que hunde sus raíces en la tierra seca. No tenía belleza ni esplendor, su aspecto no tenía nada atrayente” (Isaías 53:2).

El experimento lo atraía, pero aquel joven virtuoso no sabía cómo iba a resultar. Joshua Bell se puso una gorra de béisbol y caminó hacia el metro, con la esperanza de que nadie lo reconociera. Dos noches antes había tocado en un teatro abarrotado en Boston, a cien dólares la entrada. Ahora, sacó su preciosa carga de la funda forrada en terciopelo: un Stradivarius de trescientos años de antigüedad. Su sonido era superior al de cualquier otro violín que hubiera tocado antes. Sabía que, con aquel instrumento, podría amansar incluso al más duro de los corazones de los transeúntes del metro. Mientras tocaba una rápida melodía, la multitud pasaba apresurada, sin percatarse de su presencia.
Clink, cayó una moneda. Clink, clink, cayeron otras más. Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo, tocó durante cuarenta y cinco minutos. Solo siete personas se detuvieron a escucharlo. Otras veintisiete le arrojaron unas monedas. Cuando un reportero le preguntó cómo había salido su experimento, Bell dijo, frustrado: “No se puede culpar a la calidad del sonido”. Hay oportunidades que se presentan una sola vez en la vida.
Isaías nos dice que Jesús no era el tipo de persona que destacaba entre los demás. No era la estrella del equipo, ni el que tenía las mejores calificaciones, ni siquiera el gracioso de la clase. Hasta que comenzó su ministerio, era un joven promedio. Jesús decidió venir a este mundo como alguien común y corriente, por eso la gente no se fijaba en él. Pasaban al lado del mismo Dios y ni sabían que estaban cerca de él. Todavía hoy, la gente hace lo mismo. Por eso Jesús dice: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mat. 25:40). Jesús toma personalmente todo lo que hacemos para ayudar o dañar a los demás; es como si se lo hiciéramos a él.
En algún momento hemos sido el muchacho o la muchacha “común”, o incluso nos hemos sentido poca cosa. Pero, anímate al saber que Jesús se identifica con nosotros, porque él mismo fue así. No te limites a pasar por su lado, quédate con él, porque no es nadie común, es el Dios del universo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017
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