MujeresLa bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse. Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe. Pasa la tormenta y desaparece el malvado, pero el justo permanece firme para siempre. Proverbios 10:22, 24, 25

Una vez, mientras daba clase a un grupo de preescolares, recordé que las madres me habían recomendado que cuidara de que sus hijos no compartieran alimentos ni bebidas con sus compañeros, para evitar una epidemia de gripe, que era cosa común, especialmente en los meses invernales cuando se propagan los virus de la influenza y los niños son muy propensos a contraer la enfermedad. Realmente me inquietó aquella situación, porque no se me ocurría la estrategia ideal para proteger a mis niños. Te confieso que lograrlo era casi imposible. A los niños les encantaba intercambiar bocadillos y bebidas con sus demás compañeros, con el único propósito de poner por las nubes la rica merienda que sus madres les habían preparado. Para serte sincera, a mí también me gustaban aquellos momentos, y muchas veces fui persuadida por alguno de mis pequeños para participar del agasajo, lo cual me llenaba de mucha alegría. Y era tanto el gozo de aquellos niños, que no se contagiaban de nada más que de amor, el mismo que Dios nos enseñó para contagiar a los demás.

¡Eran felices! La gripe estaba lejos de ser una preocupación para ellos, ni se acordaban del frío que hacía. Lo importante era dar a conocer a todos cuánto los amaban sus mamas, y que por eso les ponían en la maletita de la merienda tantas cosas ricas y deliciosas. Querida amiga, Dios, nuestro Padre, también pone cada mañana en nuestra maletita de amor ricas y abundantes bendiciones con una dotación extra para que podamos compartir con todos los que nos rodean. La mayor bendición que Dios puede darnos es hacer de cada una de nosotras una bendición para los demás. Eso quiere decir que cuando nos reunimos con otras mujeres y con los demás miembros de nuestra familia, debemos abrir nuestra maletita de amor y compartir sin reservas las bendiciones que nuestro Padre nos ha dado, para que todos sepan cuánto nos ama y cuánto lo amamos nosotras a él. Si logramos “contagiar a todos” y hacer del amor de Dios una “epidemia”, estaremos vacunadas contra el odio. ¡Deliciosas bendiciones de Dios!.

Lecturas Devocionales para la Mujer

Aliento para cada día

Por: Erna  Alvarado

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