MujeresEl camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian. ¿Quién es Dios, si no el Señor? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios? Es él quien me arma de valor y endereza mi camino; da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas. Salmo 18:30-33

Una de las leyes universales de la vida dice así: “Todo lo que hagas tiene consecuencias”. Creo que en más de una ocasión hemos comprobado la veracidad de esta declaración. Si nuestras decisiones son buenas, lo más seguro es que las consecuencias también lo sean. Por el contrario, las decisiones erróneas traerán como resultado consecuencias negativas, y estas nos alcanzarán tarde o temprano. Nadie puede quedarse como espectador de la vida y sencillamente mirar cómo transcurre. Tenemos que involucrarnos, y es ahí donde las decisiones son tan vitales. Pueden determinar el éxito o el fracaso; la vida o la muerte. La otra gran verdad en relación con las decisiones es que estas no solo afectan a quien las toma, sino también a los que están dentro de su esfera de influencia.

Las mujeres que generalmente estamos a cargo de una familia y del hogar, inmersas en un sinfín de actividades, somos empujadas a tomar decisiones constantemente. Algunas quizás intrascendentes, pero otras tan importantes que ponemos En juego nuestro bienestar y el de los que dependen de nosotras. Recuerdo el caso de una madre que, persuadida por su hijo, tomó la decisión de permitirle abandonar la escuela. Ahora que el hijo es adulto se lo recrimina y la culpa a ella de su propio fracaso profesional. Si en medio de las emociones de la juventud una muchacha decide vivir únicamente para los placeres que el mundo ofrece, puede ser que la cosecha de la vida le entregue solamente “gavillas vacías”. Por el contrario, si por decisión personal decide poner su voluntad y sus deseos bajo el dominio de Dios, su cosecha seguramente será abundante.

¡Cuidado! No todas las vías nos llevarán a un final feliz. En la Palabra de Dios leemos: “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte” (Prov. 14:12). En Cristo Jesús encontramos el mejor aliado para tomar decisiones acertadas, y si las decisiones equivocadas que has tomado en el pasado han bloqueado tu camino, suplica y dile: “Guíame, Señor, por tu camino; dirígeme por la senda de rectitud” (Sal. 27:11)..

Lecturas Devocionales para la Mujer

Aliento para cada día

Por: Erna  Alvarado

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