Domingo 25 de junio 2017 | Devoción Matutina para Adultos | Una obra alegre

LA LEY Y EL SÁBADO
«Yo honro a los que me honran». 1 Samuel 2: 30

CUANDO EL SÁBADO se recuerde así, no permitiremos que lo temporal usurpe lo que pertenece a lo espiritual. No dejaremos para el sábado ningún deber que pertenezca a los seis días hábiles. Durante la semana nuestras energías no se agotarán de tal manera en el trabajo temporal que, en el día en que el Señor descansó y se deleitó, estemos demasiado cansados para dedicarnos a su servicio. […]
Terminemos el viernes los preparativos para el sábado. Cuidemos que toda la ropa esté lista, que hayamos cocinado todo lo que deba cocinarse y que se hayan lustrado los zapatos. Es posible lograr esto. Si lo establecemos como regla, podemos hacerlo. El sábado no debe destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los placeres, o a otra ocupación mundanal. Antes de que se ponga el sol, debe ponerse a un lado todo trabajo secular, y guardarse fuera de la vista todas las revistas seculares. Padres, expliquen a sus hijos lo que hacen y se proponen, y déjenlos participar en su preparación para guardar el sábado según el mandamiento.
Debemos cuidar celosamente los extremos del sábado. Recordemos que cada momento del mismo es un tiempo santo y consagrado. Siempre que se pueda los patrones deben dejar en libertad a sus obreros desde el viernes al mediodía hasta el principio del sábado. Denles tiempo para la preparación, a fin de que puedan dar la bienvenida al día del Señor con espíritu tranquilo. Una conducta tal no les causará pérdidas, ni aun en las cosas temporales.
Hay otra obra que debe recibir atención en el día de preparación. En ese día deben ponerse a un lado todas las diferencias entre hermanos, sea en la familia o en la iglesia. Expulsemos del alma toda amargura, ira y malicia. Con espíritu humilde, «confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados» (Sant. 5: 16, NVI).
Antes de que empiece el sábado, tanto la mente como el cuerpo deben retraerse de los negocios mundanales, Dios puso el sábado al final de los seis días de trabajo para que nos detengamos y consideremos lo que hemos ganado en la semana en preparación para el reino puro que no admitirá a ningún transgresor.
Debemos hacer cada sábado un examen de nuestra conciencia para ver si la semana transcurrida trajo ganancias o pérdidas espirituales. Santificar el sábado para el Señor significa salvación eterna.— Testimonios para la iglesia, t. 6, sec. 6, pp. 356-357.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2017
DE VUELTA AL HOGAR
Elena G. de White
Lecturas devocionales para Adultos 2017
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