Baja moralidad, 25 de mayo
Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. Efesios 5:3.
Existe hoy una alarmante trivialidad en la conversación que muestra un bajo estado de pensamientos y de moralidad. La verdadera
dignidad de carácter es muy rara. La verdadera modestia y reserva se ven raramente. Hay unos pocos que son puros y no están
contaminados…
Los pensamientos contaminados albergados llegan a ser hábito y el alma queda desfigurada y contaminada. Una vez cometida
una mala acción, queda una mancha que no la puede quitar sino la sangre de Cristo; y si el hábito no es rechazado con firme
determinación, el alma se corrompe y las corrientes que fluyen de esta fuente corrompida contaminarán a otros.
Hay hombres y mujeres que invitan a la tentación; se ponen en situaciones en las cuales serán tentados, donde no podrán evitarlo
al colocarse en compañías objetables. La mejor manera de estar a salvo del pecado es actuar con la debida consideración en todo
tiempo y bajo todas [158] las circunstancias; nunca actuar impulsivamente. Actúa con el temor de Dios siempre delante de ti y estarás
seguro de actuar correctamente.
Los peligros morales a los cuales todos, viejos y jóvenes, están expuestos, aumentan cada día. El desorden moral, que nosotros
llamamos depravación, halla amplio campo propicio, y se ejerce una vil influencia sensual, diabólica, por hombres, mujeres y jóvenes
que dicen ser cristianos…
Los que han aprendido la verdad y no tienen obras correspondientes a su profesión de fe, están sujetos a las tentaciones de
Satanás. Harán frente al peligro a cada paso que den. Son puestos en contacto con el mal, ven escenas, oyen sonidos que despiertan
sus pasiones incontroladas; están sujetos a influencias que los llevan a elegir el mal antes que el bien, porque no son puros de
corazón…
Todos debemos aprender la lección de qué poder hay en un buen carácter. No hay una preparación que necesitemos tanto
ahora, como la preparación de jóvenes y señoritas para que tengan rectitud moral y para que limpien su alma… de cada mancha de
contaminación moral.—En Lugares Celestiales, 199, 198.
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