El acto supremo de engaño, 25 de septiembre
Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre
el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. Apocalipsis 3:10.
Al acercarse la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, agentes satánicos se mueven desde abajo. Satanás no solamente
aparecerá como ser humano, sino que asumirá la forma de Jesucristo; y el mundo que ha rechazado la verdad, lo recibirá como Señor
de señores y Rey de reyes.—The Review and Herald, 14 de abril de 1896.
La ira de Satanás crece a medida que se va acercando el fin, y su obra de engaño y destrucción culminará durante el tiempo de
angustia.
El acto capital que coronará el gran drama del engaño será que el mismo Satanás se dará por el Cristo. Hace mucho que la iglesia
profesa esperar el advenimiento del Salvador como consumación de sus esperanzas. Pues bien, el gran engañador simulará que
Cristo ha venido. En varias partes de la Tierra, Satanás se manifestará a los hombres como ser majestuoso, de un brillo deslumbrador,
parecido a la descripción que del Hijo de Dios da San Juan en el Apocalipsis. Apocalipsis 1:13-15. La gloria que lo rodee superará
cuanto hayan visto los ojos [285] de los mortales. El grito de triunfo repercutirá por los aires: “¡Cristo ha venido! ¡Cristo ha venido!” El
pueblo se postrará en adoración ante él, mientras levanta sus manos y pronuncia una bendición sobre ellos como Cristo bendecía a
sus discípulos cuando estaba en la Tierra. Su voz es suave y acompasada, aunque llena de melodía. En tono amable y compasivo
enuncia algunas de las verdades celestiales y llenas de gracia que pronunciaba el Salvador; cura las dolencias del pueblo, y luego, en
su fementido carácter de Cristo, asegura haber mudado el día de reposo del sábado al domingo y manda a todos que santifiquen
el día bendecido por él. Declara que aquellos que persisten en santificar el séptimo día blasfeman su nombre porque se niegan a
oír a sus ángeles, que les fueron enviados con la luz de la verdad. Es el engaño más poderoso y resulta casi irresistible. Como los
samaritanos fueron engañados por Simón el Mago, así también las multitudes, desde los más pequeños hasta los mayores, creen en
ese sortilegio y dicen: “Este es el poder de Dios llamado grande”.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 681, 682.
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