MujeresLa mujer pendenciera es gotera constante. Proverbios 19:13

Hay una declaración de la Palabra de Dios que pone a temblar mi corazón: “La mujer necia es escandalosa, frivola y desvergonzada” (Prov. 9:13). Me aterra la sola idea de caer en este grupo. A pesar de ello, me asusta aún más darme cuenta de que en ocasiones he actuado con necedad. Las mujeres que alborotan, escandalosas y pleitistas, y lo peor de todo, ufanas de su mala conducta son una abominación para Dios, molestas para quienes las observan, y un lastre pesado de sobrellevar para los que tienen que convivir con ellas. Más aún, no sienten vergüenza de ellas mismas, ni tampoco del dolor que causan a su familia. He visto a esposos abochornados por el proceder público de sus esposas, e imposibilitados para darles un consejo, porque ellas no lo permiten. Los hijos de estas mujeres evitan su compañía porque, como volcanes en erupción, explotan ante la más mínima provocación, dejándolos en ridículo dondequiera que sea y frente a cualquiera.

En contraste, la Palabra de Dios alaba a la mujer prudente. Así dice: “La casa y el dinero se heredan de los padres, pero la esposa inteligente es un don del Señor” (Prov. 19:14). Las mujeres de Dios son una bendición y un don suyo para todo aquel que se topa con ellas. Quiera el Señor que cada una de nosotras pueda estar en este grupo especial de mujeres que son instrumentos de paz. Las mujeres pacificadoras proyectan paz y armonía en todos los que las observan. Poseen un porte santo que las identifica como hijas de Dios, aunque no lo digan. Defienden sus principios con dignidad y elegancia. Cuando se irritan por alguna injusticia, son capaces de sujetarse al Espíritu Santo y mantenerse serenas y ecuánimes, pues tienen la convicción de que Dios peleará por ellas. Sus palabras muestran la paz de sus corazones cuando dicen: “Sé tú mi defensor, pues tus ojos ven lo que es justo” (Sal. 17:2). Hagamos en este día una revisión sincera de nuestras actitudes, lo que implica reconocimiento y rectificación. Si reconoces que con mucha frecuencia tu ánimo exaltado te lleva a tener problemas con los demás, entonces has dado el primer paso; el segundo consiste en pedir a Dios con humildad ayuda para que puedas rectificar tu conducta, y llegar a ser lo que Dios anhela que seas, un instrumento de paz.

Lecturas Devocionales para la Mujer

Aliento para cada día

Por: Erna  Alvarado

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