Devoción Matutina para Adolescentes | Limpio por dentro y por fuera

“Ezequías oró por ellos, diciendo: ‘Señor bondadoso, perdona a todos los de corazón sincero que te buscan a ti, oh Señor, Dios de sus antepasados, aunque no se hayan purificado como lo requiere la santidad del templo’. Y el Señor
atendió la petición de Ezequías y perdonó al pueblo” (2 Crónicas 30:18-20).

No sabía de dónde provenía el horrible olor que había en el salón de clases. Dependiendo de con quién te sentaran, ya sabías que esa persona tendría un olor característico, pero nunca me habían sentado al lado de nadie que oliera tan mal. Después de varios minutos mirando a todas partes con cara de asco, me fuí a una mesa diferente. Tras haber elegido un lugar lo más alejado posible de la zona de conflicto, comencé a tomar apuntes mientras el maestro daba la clase. Pero, cada vez que me inclinaba para escribir, percibía de nuevo el mismo olor asqueroso, solo que más fuerte todavía. Sutilmente me moví hacia un lado y hacia el otro para comprobar el aire, a ver de qué lado venía la peste, pero no pude detectar el origen. Me incliné de nuevo para seguir tomando notas y ¡otra vez el mismo olor nauseabundo! Por fin, me di cuenta de dónde venía: ¡¡De mí¡¡ Salí inmediatamente del aula y me dirigí al baño para examinarme más detenidamente. Me quité los pantalones y allí vi algo marrón pegado; aparentemente, mi gato había usado mi ropa limpia para hacer sus necesidades. Y yo había estado todo el día yendo de acá para allá con aquella plasta. Qué malo es estar sucio cuando crees que estás limpio.
En los días del rey Ezequías, el pueblo de Israel sabía qué era sentirse sucio. Ezequías quería iniciar una reforma y conducir al pueblo de nuevo al conocimiento de Dios, así que volvió a conmemorar viejas festividades, como la Pascua. Cuando la gente empezó a juntarse nuevamente, Ezequías se dio cuenta de que los descendientes de los primeros sacerdotes, que eran quienes debían dirigir las ceremonias, no habían seguido las normas de la limpieza ceremonial así que, técnicamente, no podían ofrecer sacrificios ni dirigir la ceremonia. Estaban “sucios”. Pero, Ezequías sabía que el deseo del pueblo de volverse al Señor era sincero y, cuando oró pidiendo perdón, Dios también vio su sinceridad y los perdonó.
Para Dios es más importante que seas sincero a que estés “limpio”. No permitas que las cosas sucias de tu vida te impidan acercarte nuevamente a Jesús. Él está listo para perdonarte y para retomar la amistad contigo. GH

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017
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