Martes 29 de agosto 2017 | Devoción Matutina para Damas | Corriendo sin rumbo fijo

“Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado” (1 Cor. 9:25-27, NVI).

En agosto de 2016 se llevaron a cabo los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro, Brasil. Hace cuatro años se realizaron en Londres, Inglaterra, a solo 48 kilómetros de donde vivo. Quince días antes del comienzo de los Juegos en Londres, la antorcha olímpica pasaría por mi pueblo. Mi hija, Sarah, iba a cantar en el concierto de celebración por la llegada de la antorcha a nuestro pueblo, y me había dado una entrada. El evento sería en un parque, a solo 1,5 kilómetros de mi casa. Alardeé ante varias personas de que yo estaría allí cuando llegara la antorcha olímpica, a las seis de la tarde. Salimos de casa a las once de la mañana. Unos minutos después, Sarah se bajó del auto y nos despedimos. Yo iba a pasear al perro, cocinar, lavar ropa, y comprar unas cortinas; todo, antes de volver al parque para ver llegar la antorcha olímpica.
Para las 2:30, había terminado de cocinar. Comí, y salí de compras. A las 4:20 todavía estaba mirando cortinas, cuando el altavoz anunció que la tienda cerraría en diez minutos. Salí prácticamente corriendo a pagar. Entonces sonó mi teléfono. Sarah me había enviado un mensaje de texto: “La antorcha llegará más tarde”. Decidí hacer unos mandados más. El siguiente mensaje de Sarah fue a las 6:15, y decía: “La antorcha está viniendo por Hemel Hempstead”. Imaginé que todavía faltaba como una hora para que llegara a Luton. Eso me daba tiempo para planchar un poco. Al ratito, Sarah envió otro mensaje: “La antorcha está en Mili Street… Estoy con las tías”.
iQué rápido!, pensé. Un momento después, Sarah me escribió: “Está llegando”. De hecho, ya había llegado… y yo, planchando. Como había estado “corriendo sin rumbo fijo” todo el día, y había perdido de vista mi objetivo de estar lista para ver la llegada de la antorcha olímpica, ¡me lo había perdido!
En mi viaje espiritual, Cristo quiere que mantenga mi vista fija en el objetivo: estar conectada a él; lo cual me prepara para su pronta Venida.
Avery Davis

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017

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