Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y
serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo. Daniel 7:25.
Durante la dispensación cristiana, el gran enemigo de la felicidad del hombre hizo al sábado del cuarto mandamiento objeto de
ataques especiales. Satanás dice: “Obraré en forma contraria a los propósitos de Dios. Daré a mis secuaces poder para desechar el
monumento de Dios, el séptimo día como día de reposo. Así demostraré al mundo que el día santificado y bendecido por Dios fue
cambiado. Ese día no vivirá en la mente del pueblo. Borraré su recuerdo. Pondré en su lugar un día que no lleva las credenciales de
Dios, un día que no puede ser una señal entre Dios y su pueblo. Induciré a los que acepten este día a que lo revistan de la santidad
que Dios dio al séptimo día.
“Mediante mi vicegerente, me exaltaré a mí mismo. El primer día será ensalzado, y el mundo protestante recibirá este falso día
de reposo como verdadero. Mediante el abandono de la observancia sabática que Dios instituyó, haré despreciar su ley. Haré aplicar
a mi día de reposo las palabras: ‘Señal entre mí y vosotros por vuestras edades'”.
“De esta manera el mundo llegará a ser mío. Seré gobernante de la tierra, príncipe del mundo. Regiré de tal modo los ánimos que
estén bajo mi poder que [168] el sábado de Dios será objeto especial de desprecio. ¿Una señal? Yo haré que la observancia del séptimo
día sea una señal de deslealtad hacia las autoridades de la tierra. Las leyes humanas se volverán tan estrictas que los hombres y las
mujeres no se atreverán a observar el séptimo día como día de reposo. Por temor a que les falten el alimento y el vestido, se unirán al
mundo en la transgresión de la ley de Dios. La tierra quedará completamente bajo mi dominio”.—La Historia de Profetas y Reyes,
136, 137.
El sábado será la gran piedra de toque de la lealtad; pues es el punto especialmente controvertido. Cuando esta piedra de toque
les sea aplicada finalmente a los hombres, entonces se trazará la línea de demarcación entre los que sirven a Dios y los que no le
sirven.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 663.
164

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