Alistémonos, 31 de mayo
Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón. Salmos 69:32.
Tenéis el privilegio de estar gozosos en el Señor y de regocijarse en el conocimiento de su gracia sustentadora. Que su amor se
posesione de la mente y el corazón. Cuidad de no fatigaros en exceso, de no agobiaros por la inquietud, de no estar deprimidos. Dad
un testimonio elevador. Apartad vuestros ojos de lo que es oscuro y de lo que produce desánimo, y contemplad a Jesús, nuestro gran
Dirigente, bajo cuya supervisión vigilante la causa de la verdad presente, a la cual estamos dando nuestras vidas y todo lo que somos,
[164] está destinada a un triunfo glorioso…
Dejad que se vea que Jesús mora en el corazón, que sustenta, fortalece y reconforta. Tenéis el privilegio de recibir cada día una
abundante medida de su Espíritu Santo, y de tener una visión más amplia de la importancia y el alcance del mensaje que estamos
proclamando al mundo. El Señor está dispuesto a revelaros cosas maravillosas de su ley. Esperad delante de él con humildad de
corazón. Orad fervorosamente pidiendo una comprensión de los tiempos en que vivimos, solicitando una concepción más plena de
sus propósitos y rogando por una mayor eficacia en la tarea de salvar a las almas…
Este no es un tiempo para dedicarlo a las cosas frívolas o a las satisfacciones egoístas. Si los tiempos en que vivimos no logran
impresionar de veras nuestras mentes, ¿qué otra cosa podría realizar un impacto en nosotros?…
Ahora se necesitan hombres de claro entendimiento. Dios pide que los que están dispuestos a dejarse dirigir por el Espíritu Santo
señalen el camino hacia una obra de reforma cabal… Cada alma debería encontrarse ahora en una posición donde manifieste una
consagración a Dios más profunda y verdadera que en los años pasados…
He quedado profundamente impresionada por ciertas escenas que contemplé durante la noche. Parecía efectuarse un gran
movimiento, una obra de reavivamiento, en muchos lugares. Nuestro pueblo se alistaba y respondía al llamamiento de Dios… ¿No
escucharemos su voz? ¿No aprestaremos nuestras lámparas y obraremos como hombres que esperan la venida del Señor? El tiempo
[165] en que vivimos exige que se haga brillar la luz y que se pongan las manos a la obra.—Mensajes Selectos 2:461-465.

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