Perseguidos por católicos y protestantes, 5 de julio
Seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Mateo 10:22.
No debemos pensar que no podremos soportar la persecución. Tendremos que pasar por tiempos terribles.—The Review and
Herald, 29 de abril de 1890.
Las persecuciones que sufrieron los protestantes de parte del romanismo, y por las cuales la religión de Jesucristo casi llegó a ser
aniquilada, serán sobrepasadas cuando se unan el protestantismo y el papado.—Manuscrito 30, 1889.
El pueblo de Dios que guarda los mandamientos, en lo sucesivo será puesto en la situación más angustiosa, pero todos los que han
andado en la luz y la han difundido comprenderán que Dios interviene en su favor. Cuando todas las cosas parezcan más apremiantes,
el Señor revelará su poder a sus fieles. Cuando la nación en favor de la cual Dios ha obrado de una manera tan maravillosa y a la cual
ha protegido con el escudo de la omnipotencia, abandone los principios protestantes y por medio de su legislatura dé protección
y apoyo al romanismo para limitar la libertad religiosa, entonces Dios actuará con su propio poder en favor de su pueblo fiel. Se
ejercerá la tiranía de Roma, pero Cristo será nuestro refugio.—Testimonios para los Ministros, 207.
Cuando las iglesias principales de los Estados Unidos, uniéndose en puntos comunes de doctrina, influyan sobre el estado para
que [201] imponga los decretos y las instituciones de ellas, entonces la América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía
romana, y la inflicción de pena civiles contra los disidentes será el resultado inevitable.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los
Siglos, 498.
Las Escrituras enseñan que el papado reconquistará su perdida supremacía, y que volverán a encenderse los fuegos de la
persecución mediante las concesiones contemporizadoras del así llamado mundo protestante. En este tiempo de peligro, podremos
resistir únicamente en la medida en que tengamos la verdad y el poder de Dios…
Las perspectivas de tener que enfrentar el peligro y las dificultades personales, no necesitan desanimarnos, sino que deberían
avivar el vigor y las esperanzas del pueblo de Dios, porque el tiempo de peligro constituye la oportunidad de Dios para proporcionar
una clara manifestación de su poder.—Mensajes Selectos 2:421, 422, 425.

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