Miércoles 6 de septiembre 2017 | Devoción Matutina para Damas | La belleza de la naturaleza

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mat. 6:26).

AI sentarme a escribir, me siento agradecida por las bendiciones de la semana pasada y por el amor interminable, la misericordia y la gracia de Dios. Estoy agradecida por despertarme cada día con los rayos del sol entrando por la ventana de la casa de mis padres, ubicada en la cima de una colina. También por la vista desde la ventana de mi dormitorio de la espesa vegetación de nuestra casa en el Caribe.
En una típica mañana, a menudo voy apresurada, tratando de prepararme para llegar a tiempo al trabajo. En esos días ocupados, a veces me olvido de agradecer a Dios por las maneras en que se me revela diaria y fielmente, a través de la naturaleza.
Hoy, en especial, como tengo un poco de tiempo libre, decidí escribir sobre lo que estoy experimentando; es una forma de terapia para mí.
Desde la ventana de mi habitación tengo una vista privilegiada, y a menudo observo aves que visitan los múltiples árboles frutales que se encuentran afuera, en el jardín de mi Padre celestial. ¡Cuánta variedad! Pájaros cantores y algunas palomas.
A menudo, puedo ver a estas pequeñas criaturas alimentándose o juntando ramitas de los árboles cercanos, para construir sus nidos. Cuanto menos, siento admiración al ver a esas hermosas criaturas realizar sus tareas sin preocupaciones… un gran contraste con mi estado pecaminoso y murmurador. Demasiado a menudo murmuro, en lugar de acordarme de agradecer a Dios por su promesa de cuidar de mí.
Sentada aquí, la belleza de la naturaleza rejuvenece mi mente, mi cuerpo y mi espíritu. Restaura mi equilibrio. Estos recordatorios me llevan a la Biblia; especialmente, pienso en lo que dijo Jesús: “Fíjense en las aves del cielo, ¿no valen ustedes mucho más que ellas?”
Puedo decirte que estas vistas no solo hacen maravillas en mis sentidos; los recordatorios de Dios que llegan a mi mente me brindan esperanza de que Aquel que se preocupa tanto por las diminutas aves, también se preocupa por mí. Recuerdo que él envía al Espíritu Santo como un Consolador, para guiarme cuando estoy tentada y estresada por las preocupaciones de este mundo. Dios me calma a través de la belleza de la naturaleza. Con un corazón agradecido me siento, observo, y alabo a Dios, quien también me creó y cuida de mí.
Samantha Bullock

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017

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