Jueves 7 de septiembre 2017 | Devoción Matutina para Adolescentes | Un simple toque

“Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre.
Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, sin que le hubiera servido
de nada, […] Cuando oyó hablar de Jesús, esta mujer se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa” (Marcos 5:25-28).

Cuando era niño, creía que llevaba siempre conmigo un escudo invisible que me protegía del mal. Detrás de ese escudo, yo podía deambular por campos de barro, deslizarme por bases de béisbol y subirme a los árboles sin temor a que me pasara nada. Mi fiel escudo eran mis pantalones téjanos (jeans). Recuerdo que mi madre no pensaba igual que yo. Un día en que rompí las rodilleras de otro pantalón más, mi madre me dio unos téjanos nuevos y me dejó bien en claro que no podía ensuciarlos, rasgarlos, ni romperlos. ¡Bajo ningún concepto! El primer día lo logré, pero nuestra casa estaba rodeada de colinas que me suplicaban que rodara por ellas. Finalmente, no pude aguantar más y me deslicé por una. Después me levanté con una sensación de mareo tal que supe que había sido una de las mejores caídas de mi vida. Mis téjanos, que momentos antes habían sido azules, estaban verdes. Temiendo por mi vida, corrí a la casa y me cambié de pantalones, enterrando los manchados en el fondo del cesto de la ropa sucia. ¡Qué idea tan brillante!
La mujer que llevaba doce años enferma no ocultó su problema como hice yo. En aquella época, cuando la gente sufría enfermedades largas, los líderes religiosos les decían que era una maldición de Dios por algo que habían hecho. Cuando aquella mujer con flujo de sangre oyó que Jesús iba a pasar por su ciudad, decidió darle una última oportunidad a su esperanza. Lo encontró entre la multitud y le tocó la ropa, algo que, culturalmente, era una manera atrevida de decir:” ¡Ayúdame!” La Biblia dice que se curó al instante. Jesús afirmó que su sencillo acto de fe la había sanado.
Me doy cuenta de que a veces actúo igual que aquella vez con mis téjanos. En lugar de enfrentar los problemas, me deshago de ellos y me escondo. Sin embargo, esta historia nos enseña que no importa cuán sucia esté nuestra vida, Jesús no nos dará la espalda, sino que nos ayudará a limpiarla. Pero, primero, tenemos que acudir a él con fe. ¿Tienes algún problema que traer hoy a Jesús?
GH

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017

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