Devoción Matutina Para Damas | Domingo 02 de Abril del 2017


LA PEQUEÑA FAISANA

“¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apoc. 22:12).

“De mañana sédanos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días” (Sal. 90:14).

Caminaba entre los lupinos que florecían en mi jardín, cuando un movimiento llamó mi atención: una pequeña faisana salvaje avanzaba lentamente por el matorral. Aproximándome despacio, localicé su nido, que albergaba una docena de huevos. Me emocioné al encontrarlo, pero le hablé con voz tranquilizadora. Para respetar el período de incubación de los huevos y las posibles necesidades de privacidad propias de la maternidad, mi familia no pisó el jardín durante semanas.

Cada día le llevaba agua limpia, y la colocaba a pocos metros de ella. Al principio, cuando me acercaba, parecía que la faisana iba a salir corriendo, pero nunca llegó a huir. Con el paso del tiempo, permitió que mis nietos y yo nos acercáramos a su nido. A pesar del calor del verano, la faisana continuó fielmente su vigilancia; pero los huevos, en lugar de eclosionar, se pudrieron. Los esfuerzos de aquella pequeña ave no habían servido de nada. Finalmente, tuvimos que quitar el nido. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando observé a la faisana ir en búsqueda de su nido. Solo quedaba esperar… hasta el año siguiente.

La perseverancia de la faisana me recordó al amor que Cristo tiene por nosotras. Mirando hacia Jerusalén antes de su crucifixión, Jesús se lamentó: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, pero no quisiste!” (Luc. 13:34). Al contrario que la pequeña faisana, Jesús sabía cuál iba a ser el resultado final; sabía que muchos rechazarían el regalo de la vida eterna que su sacrificio ofrecería. ¿Aceptaremos los esfuerzos que hizo por nosotros y confiaremos en que su Palabra transforma nuestra vida? ¿Permitiremos que su paz llene nuestros corazones, para que los esfuerzos que hace por nosotras no sean en vano? Ahora, cada vez que veo una faisana, pienso: “Jesús es fiel”.

Querido Señor, ayúdame a recordar que has dado tu vida para salvarme. Gracias por el lugar que me darás en el cielo, si estoy dispuesta a aceptar tu sacrificio. Dame fuerza para el camino de la vida eterna junto a ti.

Patricia Cove

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Narrado por: Alba Charris
Lecturas Devocionales para Damas 2017
Vivir en su amor
Por: Ardis Stenbakken & Carolyn Rathbun Sutton
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