Devoción Matutina Para Damas | Sábado 8 de Abril del 2017


EL CUIDADO DE DIOS

“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que lo temen y los defiende” (Sal. 34:7).

Hace años, cuando m¡ esposo era pastor en un distrito rural de Jamaica, nos invitaron a comer en casa de un anciano tras el culto divino. Mientras comíamos, en actitud protectora, acunaba entre mis brazos a dos niños: mi hijita, a quien le estaban saliendo los dientes y que apenas caminaba, y mi hijito, que aún estaba en mi vientre. Estábamos disfrutando de la conversación, cuando alguien preguntó: “¿Por qué saliva tanto tu bebé?”

Rápidamente giré la cara de mi hija hacia mí para observarla de cerca y, con horror, descubrí que tenía la boca llena de espinas de pescado; tenía tantas espinas que no podía cerrar la boca, de ahí el exceso de saliva. Me quedé helada. Mi esposo rápidamente la tomó de mi regazo y le sacó las espinas de la boca. Eran las espinas del pescado que nos había ofrecido nuestro anfitrión, y que yo había dejado sobre mi plato. Gracias a Dios, mi hija no sufrió daño alguno.

Durante años, no fui capaz de perdonarme a mí misma ese incidente. ¿Cómo había podido una madre sobreprotectora como yo permitir que sucediera algo así? ¡Y sobre mi propio regazo! Estaba furiosa conmigo misma. Cuando pondero hoy ese incidente, encuentro en él lecciones muy importantes para la vida. En primer lugar, ni siquiera mi cuidado protector como madre fue suficiente para alejar a mi hija del peligro que la rodeaba. Aprendí que todos, adultos y niños, contamos con la protección última del Señor, y que debemos permitirle hacer su obra. En segundo lugar, me di cuenta de que necesito ser más comprensiva con los demás, pues también pueden cometer errores.

Agradezco a Dios que utilizara aquel descuido mío, que podía haber tenido un final trágico, para enseñarme algo. Tal y como promete en Romanos 8:28, él utiliza “todas las cosas” para cumplir sus propósitos en nuestras vidas.

Hoy, mis hijos son adultos, pero Dios continúa velando por ellos con amor. Los protege, y envía a sus ángeles para rescatarlos del peligro, tal y como hizo aquel día que nuestros anfitriones se percataron del problema. Aún hoy es mi deber diario, apenas me despierto cada mañana, encomendar mi vida y la de mis hijos a Dios.

Jacqueline Hope HoShing-Clarke

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Narrado por: Alba Charris
Lecturas Devocionales para Damas 2017
Vivir en su amor
Por: Ardis Stenbakken & Carolyn Rathbun Sutton
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