Diálogo Bíblico | Domingo 12 de noviembre 2017 | Cuando el pecado abundó | Escuela Sabática

Domingo 12 de noviembre
CUANDO EL PECADO ABUNDÓ
En Romanos 5:20, Pablo hace una declaración poderosa: “Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. Su razonamiento es que no importa cuánto pecado haya o cuán terrible sea el resultado del pecado, la gracia de Dios es suficiente para remediarlo. ¡Qué esperanza debería darnos a todos, especialmente cuando nos vemos tentados a creer que nuestros pecados son demasiado grandes como para ser perdonados! En Romanos 5:21, Pablo muestra que, aunque el pecado llevó a la muerte, la gracia de Dios mediante Jesús ha derrotado a la muerte y puede darnos vida eterna.
Lee Romanos 6:1. ¿Qué lógica aborda Pablo, y cómo responde a esa clase de pensamiento en Romanos 6:2 al 11?
Pablo sigue una interesante línea de argumentación en el capítulo 6 acerca de por qué una persona justificada no debería pecar. En primer lugar, dice que no debemos pecar porque hemos muerto al pecado. Luego, explica lo que eso quiere decir.
La inmersión en las aguas del bautismo representa un entierro. ¿Qué se entierra? El “viejo hombre” de pecado; es decir, el cuerpo que comete pecado, el cuerpo dominado o gobernado por el pecado. Como resultado, se destruye este “cuerpo de pecado”; en consecuencia, ya no servimos al pecado. En Romanos 6, se personifica al pecado como un amo que somete a sus siervos. Una vez que se destruye el “cuerpo de pecado” que sirvió al pecado, cesa el dominio del pecado sobre él. El que sube de la tumba líquida emerge como una nueva persona que ya no sirve al pecado. Ahora anda en vida nueva.
Cristo, cuando murió, murió una vez y para siempre, pero ahora está vivo para siempre. Por lo tanto, el cristiano que se bautiza ha muerto al pecado de una vez por todas y nunca más debería volver a estar bajo su dominio. Por supuesto, como todo cristiano bautizado sabe, el pecado no desaparece automáticamente de nuestra vida una vez que salimos del agua. No estar gobernado por el pecado no es lo mismo que no tener que luchar contra él.
“Con esto vemos claramente lo que significan las palabras del apóstol. Las declaraciones como: ‘Hemos muerto al pecado’, ‘Consideraos […] vivos para Dios’, etc., significan que no cedemos a nuestras pasiones pecaminosas ni al pecado, aunque el pecado continúe en nosotros. Sin embargo, el pecado permanece en nosotros hasta el final de nuestra vida, como leemos en Gálatas 5:17: ‘El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí’. Por lo tanto, todos los apóstoles y los santos confiesan que el pecado y las pasiones pecaminosas permanecen en nosotros hasta que el cuerpo se vuelva cenizas, y resucite un nuevo cuerpo (glorificado) que esté libre de pasión y pecado”.–M. Lutero, Commentary on Romans, p. 100.

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