Diálogo Bíblico | Domingo 13 de septiembre 2015 | Griegos y Judíos | Escuela Sabática
Domingo 13 de septiembre
GRIEGOS Y JUDÍOS
Lee 1 Corintios 1:22 al 24. Estos versículos presentan las diferentes formas en que la gente se relaciona con la verdad. ¿De qué modo su comprensión puede ayudarnos en nuestra testificación a diversos grupos de personas?
En el éxodo de Egipto, Dios dio señales notables de su cuidado por Israel. Generaciones más tarde, los judíos desarrollaron la expectativa de que cualquier nuevo mensajero enviado por Dios debería darse a conocer mediante señales, maravillas y milagros.
En contraste, por su herencia filosófica y científica, los griegos buscaban una base racional para sus creencias, algo que pudiera satisfacer la sabiduría humana.
Pablo no desechó la herencia cultural y espiritual de los pueblos a quienes se dirigía, sino que las usó como pie para proclamar al Cristo crucificado. Los que deseaban señales las encontraron en la vida y el ministerio de Jesús, y en la iglesia primitiva. Los que querían elegancia lógica y racionalidad las encontraron en los argumentos de Pablo en favor del mensaje del evangelio. Todos ellos tenían la necesidad de conocer al Cristo resucitado y “el poder de su resurrección” (Fil. 3:10). La forma en que Pablo les llevaba el conocimiento dependía de la gente a la que estaba testificando.
Cuando Pablo predicaba a judíos, basaba sus sermones en la historia de Israel, vinculando a Cristo con David, y enfatizando las profecías del Antiguo Testamento que señalaban a Cristo, y su crucifixión y resurrección (Hech. 13:16-41). Es decir, comenzaba con lo que les era familiar, con lo que creían y, desde allí, procuraba llevarlos a Cristo.
Para los gentiles, el mensaje incluía a Dios como Creador, Sustentador y Juez; la entrada del pecado en el mundo y la salvación por medio de Jesucristo (Hech. 14:15-17; 17:22-31). Pablo tenía que trabajar desde un punto de vista diferente del que usaba con los judíos (o con gentiles que creían en la fe judía). En todos los casos, su meta era llevar a otros a Jesús.
Piensa en tu propia fe. ¿Sobre qué está basada? ¿Qué buenas razones tienes para ella? ¿Cómo podrían tus razones diferir de las de otras personas, y por qué es importante reconocer estas diferencias?
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