Diálogo Bíblico | Domingo 20 de septiembre 2015 | No hay otro nombre bajo el cielo | Escuela Sabática
Domingo 20 de septiembre
NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO
Algunos cristianos tienen la convicción de que solo los que oyen y responden positivamente al evangelio cristiano pueden ser salvos. Los exclusivistas consideran que todas las religiones no cristianas son fabricaciones de los humanos caídos, que expresan una rebelión obstinada contra Dios. Por ello creen que los no cristianos están fuera de la gracia salvadora de Jesucristo.
Otros cristianos llevan esto un paso más adelante, afirmando que fuera de su confesión religiosa específica no hay salvación, ni aun para otros cristianos confesos. Para ellos, otra confesión, con sus creencias divergentes, está fuera del cuidado de Dios, y estos creyentes no tienen posibilidades de entrar en el Reino de los cielos. Por ejemplo, en 1302, en su bula papal Unam Sanctam, el papa Bonifacio VIII declaró que “es absolutamente necesario para la salvación que cada criatura humana esté sujeta al pontífice romano”. Algunos protestantes han enseñado algo similar con respecto a su propia confesión religiosa.
Lee Hechos 4:12. ¿Con qué sentido debemos entender estas palabras?
Las palabras de las Escrituras aquí son muy claras: la salvación solo se encuentra en Cristo Jesús y en ningún otro nombre bajo el cielo. Sin embargo, es importante no leer en esta frase más de lo que dice específicamente.
Imagínate a una persona que esté en un edificio incendiado; antes de poder escapar, el humo la aturde y cae inconsciente. Un bombero la encuentra, la toma y la lleva afuera, donde los paramédicos la atienden. La llevan al hospital y, unas horas más tarde, recupera la conciencia.
Esa persona que fue salvada no tiene idea de quién la salvó. Del mismo modo, cualquiera que es salvado –ya sea antes de que Jesús viniera en carne o después de ello− será salvado solo por medio de Jesús, ya sea que haya oído o no su nombre o su plan de salvación.
“Entre los paganos hay quienes adoran a Dios ignorantemente, quienes no han recibido jamás la luz por un instrumento humano y, sin embargo, no perecerán. Aunque ignorantes de la Ley escrita de Dios, oyeron su voz hablarles en la naturaleza e hicieron las cosas que la Ley requería. Sus obras son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son reconocidos como hijos de Dios” (DTG 593).

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