Domingo 22 de junio
EL REINO DE DIOS
Cuando Dios creó a los primeros seres humanos, les dio dominio sobre todas las cosas. Adán había de gobernar el mundo. Sin embargo, al violar la Ley de Dios, perdió su derecho a la soberanía sobre la Tierra, y ese título pasó al archienemigo, Satanás. Cuando los representantes de los otros mundos se reunieron delante de Dios durante el tiempo de los patriarcas, Satanás apareció como el “delegado” de la Tierra (Job 1:6).
Lee Efesios 2:2; 2 Corintios 4:4; y Mateo 4:8 y 9. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca del poder de Satanás en este mundo?
Lo que sucedió durante las tentaciones en el desierto es muy revelador. Satanás le ofreció a Jesús el dominio sobre todos los reinos de la Tierra si Jesús se postraba y lo adoraba (Mat. 4:8, 9; ver también Luc. 4:5-7). Jesús vino para recuperar al mundo de manos de Satanás, pero solamente podía hacerlo con su vida. ¡Cuán fuerte debió haber sido, entonces, la tentación cuando Satanás estuvo allí, ofreciendo darle el mundo! Sin embargo, al inclinarse ante Satanás, habría caído en la misma trampa en la que había caído Adán y, en consecuencia, habría sido culpable de violar la Ley de su Padre. Si lo hubiera hecho, habría sido necesario abortar el plan de salvación, y estaríamos muertos en nuestros pecados.
Por supuesto, sabemos que Jesús fue victorioso y, en su victoria, tenemos la seguridad y la promesa de vida en el Reino eterno de Dios, el cual se describe en Daniel 2, cuando la piedra cortada no con mano destruye a todos los reinos de este mundo. Y, después de esto, “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Dan. 2:44).
Todos los reinos descritos en Daniel 2 hicieron todo lo que se predijo de ellos, incluyendo la constante desunión de Europa, simbolizada por el hierro y el barro en los dedos de los pies de la estatua. ¿Por qué estos hechos increíbles nos ayudan a confiar en la promesa del último reino, el que “permanecerá para siempre”?

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