Domingo 29 de junio
NUESTRO PADRE CELESTIAL
Padre no fue un nuevo nombre para Dios. El Antiguo Testamento lo había presentado algunas veces como nuestro Padre (Isa. 63:16; 64:8; Jer. 3:4, 19; Sal. 103:13). Sin embargo, no había sido el término más usado para referirse a Dios. Para Israel, el nombre personal de Dios era YHWH (posiblemente pronunciado Yahweh), que aparece más de 6.800 veces en el Antiguo Testamento. Jesús no vino para revelar un Dios diferente de YHWH. Más bien, su misión fue completar la revelación que Dios había hecho de sí mismo en el Antiguo Testamento. Al hacerlo, presentó a Dios como nuestro Padre celestial.
Jesús dejó en claro que el Padre está “en los cielos”. Es importante recordar este hecho, a fin de tener la actitud correcta hacia Dios. Tenemos un Padre amante que se preocupa por las necesidades de sus hijos. Al mismo tiempo, reconocemos que este Padre amoroso está “en el cielo”, donde millones de ángeles lo adoran porque él es el único Soberano del universo, santo y omnipotente. El hecho de que sea nuestro Padre nos invita a acercarnos a él con la confianza de un niño. Por otro lado, el hecho de que esté en el cielo nos recuerda su trascendencia y la necesidad de adorarlo con reverencia. Enfatizar uno de estos aspectos en detrimento del otro nos llevaría a un concepto completamente tergiversado de Dios, con graves consecuencias prácticas en nuestra vida cotidiana.
Lee Mateo 7:9 al 11. ¿De qué maneras un padre humano puede reflejar el carácter de nuestro Padre celestial?
No todos han tenido un padre amante y afectuoso. Por diferentes razones, algunos quizá ni siquiera conocieron a su padre. Para ellos, entonces, llamar a Dios mi Padre puede tener poco o ningún significado. Sin embargo, todos tenemos una idea de lo que sería un buen padre terrenal. Además, podemos haber conocido a alguna persona que tiene las características de un buen padre.
Sabemos que los padres humanos estamos lejos de ser perfectos; pero, también, sabemos que amamos a nuestros hijos y, a pesar de nuestros defectos, procuramos darles lo mejor que podemos. Imagina, entonces, lo que nuestro Padre celestial puede hacer por nosotros.
¿Qué significa para ti, personalmente, dirigirte a Dios como tu Padre celestial? ¿Qué debería significar para ti?
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