Domingo 3 de agosto
NACER DE NUEVO
Es maravilloso ver a un bebé recién nacido. Nos asombra su perfección. Aunque es tan pequeño e indefenso, sabemos que crecerá y llegará a ser un adulto plenamente desarrollado. Sin embargo, no importa cuán perfecto sea el bebé, al final morirá y se perderá eternamente, a menos que nazca de nuevo.
Lee la conversación de Jesús con Nicodemo, registrada en Juan 3:1 al 15. ¿De qué manera explicó Jesús el significado de nacer de nuevo?
Como maestro en Israel, Nicodemo sin duda conocía las Escrituras del Antiguo Testamento que hacen referencia a la necesidad de un “nuevo corazón” espiritual y a la disposición de Dios para crearlo en nosotros (Sal. 51:10; Eze. 36:26). Jesús le explicó esta verdad y cómo puede ocurrir.
El diálogo registrado por Juan termina con las palabras de Jesús. No hay ninguna respuesta de Nicodemo. Posiblemente, se fue a su casa inmerso en profundas reflexiones. Silenciosamente, el Espíritu Santo fue obrando en él y, tres años más tarde, estuvo listo para ser un discípulo de Jesús sin esconderse.
El hecho de que sea necesario nacer de nuevo muestra sin ninguna duda que el primer nacimiento es insuficiente desde el punto de vista espiritual. El nuevo nacimiento debe ser doble: del agua y del Espíritu. A la luz del ministerio de Juan el Bautista, Nicodemo fácilmente comprendió que nacer de nuevo del agua se refiere al bautismo con agua. Lo que también necesitaba saber era que nacer del Espíritu es la renovación del corazón por el Espíritu Santo.
Hay semejanzas entre el nacimiento físico y el espiritual. Ambos marcan el comienzo de una nueva vida. Ambos son producidos por otra persona, no por nosotros mismos. Pero, también hay una diferencia muy importante entre ellos: no pudimos elegir si queríamos nacer físicamente, pero sí podemos elegir si queremos nacer espiritualmente. Solo nacen de nuevo los que libremente deciden permitir que el Espíritu Santo genere un nuevo ser espiritual en ellos. Dios respeta nuestra libertad y, aunque está deseoso de transformarnos, no nos cambia por la fuerza.
Piensa en cómo produjo el Señor tu conversión. No importa si fue en circunstancias dramáticas o mediante un proceso largo e imperceptible. ¿De qué forma has experimentado el nuevo nacimiento?
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