Diálogo Bíblico | Domingo 30 de julio 2017 | La Ley y la Fe | Escuela Sabática

Domingo 30 de julio
LA LEY Y LA FE
Aun si sus oponentes aceptaban que la vida de Abraham se caracterizó ante todo por la fe, Pablo sabía que seguirían teniendo interrogantes acerca de por qué Dios le dio la Ley a Israel unos cuatro siglos después de Abraham. ¿Acaso con la recepción de la Ley no se anulaba cualquier arreglo previo?
¿Qué está queriendo transmitir Pablo con la analogía entre el testamento final de una persona y el pacto de Dios con Abraham? Gálatas 3:15-18.
Un pacto y un testamento por lo general son diferentes. Un pacto comúnmente es un acuerdo mutuo entre dos o más personas, a menudo llamado “contrato”, o “acuerdo”; en cambio, un testamento es la declaración de una sola persona. La traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta, nunca traduce el pacto de Dios con Abraham con la palabra griega usada para referirse a acuerdos o contratos mutuos (syntheke). Más bien, usa la palabra para testamento (diatheke). ¿Por qué? Probablemente porque los traductores reconocieron que el pacto de Dios con Abraham no era un acuerdo entre dos personas, donde se hacen promesas mutuamente vinculantes. Al contrario, el pacto de Dios se basaba únicamente en su propia voluntad. No dependía de ninguna cláusula condicional. Abraham simplemente debía confiar en las promesas de Dios.
Pablo utiliza este doble significado entre “testamento” y “pacto” para destacar características específicas del pacto de Dios con Abraham. Al igual que un testamento humano, la promesa de Dios se aplicaba a un beneficiario específico: Abraham y su descendencia (Gén. 12:1-5; Gál. 3:16); también incluía una herencia (Gén. 13:15; 17:8; Rom. 4:13; Gál. 3:29). Lo más importante para Pablo es la naturaleza inmutable de la promesa de Dios. De la misma manera que el testamento de una persona no puede cambiarse una vez que ha sido puesto en vigor, así también la promulgación de la Ley por medio de Moisés no puede simplemente anular el pacto previo de Dios con Abraham. El pacto de Dios es una promesa (Gál. 3:16), y Dios no rompe sus promesas (Isa. 46:11; Heb. 6:18).
Reemplaza la palabra pacto por promesa en los siguientes pasajes. ¿Cuál es la naturaleza del “pacto” en cada pasaje? ¿De qué manera el entender el pacto de Dios como una promesa aclara el significado del pasaje, y cómo nos ayuda a entender mejor lo que es un pacto? (Gén. 9:11-17; 15:18; 17:1-21). ¿Qué nos enseña esto, además, acerca del carácter de Dios, y de cómo podemos confiar en él?
Escuela Sabática | Lección 6 | Para el 5 de agosto de 2017 | La prioridad de la promesa | El Evangelio en Gálatas | Tercer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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