Diálogo Bíblico | Domingo 6 de agosto 2017 | La Ley y la promesa | Escuela Sabática

Domingo 6 de agosto
LA LEY Y LA PROMESA
“¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios?” (Gál. 3:21).
Al intuir que sus comentarios podrían llevar a sus oponentes a concluir que él menospreciaba la Ley o que sus comentarios acerca de la prioridad de las promesas de Dios eran simplemente una mofa disimulada para con Moisés y la Torá, Pablo pregunta exactamente lo que seguramente ellos estaban pensando: “¿Estás diciendo que la Ley contradice las promesas de Dios?” A esto, Pablo responde con un enfático: “¡No!” Esa conclusión es imposible, porque Dios no se opone a sí mismo. Dios dio tanto la promesa como la Ley. La Ley no está reñida con la promesa. Ambas, simplemente, tienen roles y funciones diferentes en el plan de salvación general de Dios.
¿Qué conceptos erróneos tenían los oponentes de Pablo con respecto al papel de la Ley? Compara Gálatas 3:21; Levítico 18:5; y Deuteronomio 6:24.
Estas personas creían que la Ley podía darles vida espiritual. Sus puntos de vista probablemente surgían de una interpretación equivocada de algunos pasajes del Antiguo Testamento, como Levítico 18:5 y Deuteronomio 6:24, donde la Ley indica cómo deben vivir aquellos que permanecen en el Pacto de Dios. La Ley sí regulaba la vida dentro del Pacto, pero ellos inferían que la Ley era la fuente de la relación de una persona con Dios. Sin embargo, la Biblia declara que la habilidad de “vivificar” es un poder que solamente Dios y su Espíritu pueden ejercer (2 Rey. 5:7; Neh. 9:6; Juan 5:21; Rom. 4:17). La Ley no puede vivificar espiritualmente a nadie. No obstante, esto no significa que se oponga a la promesa de Dios.
Al procurar demostrar la incapacidad de la Ley para dar vida, Pablo escribe, en Gálatas 3:22: “Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado”. En Romanos 3:9 al 19, Pablo presenta una cadena de versículos extraídos del Antiguo Testamento para mostrar cuán malos somos. Los pasajes no están organizados al azar. Pablo comienza con el corazón del problema del pecado: la actitud egoísta que permea el corazón humano. Luego, presenta versículos que describen la magnitud de la influencia del pecado y, por último, su universalidad.
¿Qué desea enfatizar? Debido a la magnitud del pecado y las limitaciones de la Ley, la promesa de vida eterna solamente nos puede llegar por medio de la fidelidad de Cristo en nuestro favor. Aquí, una vez más, se encuentra la gran verdad que propulsó la Reforma protestante.
Aunque la Ley no nos puede salvar, ¿qué grandes beneficios obtenemos al obedecerla? Es decir, ¿qué beneficios prácticos has experimentado en tu propia vida gracias a la obediencia a la Ley de Dios?
Escuela Sabática | Lección 7 | Para el 12 de agosto de 2017 | El camino de la fe | El Evangelio en Gálatas | Tercer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

(130)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*