Jueves 26 de diciembre
AMOR: ANIMÉMONOS UNOS A OTROS
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Heb. 10:24).
Mientras que la exhortación de Hebreos 10:23 se centraba en la actitud individual, la siguiente, en Hebreos 10:24, tiene en vista la comunidad de creyentes. No caminamos solos en nuestro sendero con Cristo. Deberíamos preocuparnos siempre los unos por los otros.
El desafío de amarse unos a otros es un componente de la conducta cristiana (Juan 13:34, 35; Gál. 5:13). Sin embargo, amarnos unos a otros no sucede naturalmente. La actividad de “considerarse” sugiere un pensamiento concentrado y cuidadoso. Se nos anima a observar a nuestros compañeros creyentes, y ver cómo podemos animarlos a amar a otros y a hacer buenas obras. Pero, es más fácil provocar o enemistar a otros que incitarlos al amor cristiano, ¿verdad?
Entonces, consolidemos nuestros esfuerzos en trabajar para la comunidad, de modo que, por nuestros esfuerzos en amar, otros puedan hacer lo mismo.
Lee Hebreos 10:24 y 25. ¿Qué tienen que ver el “amor” y las “buenas obras” con las “congregaciones”?
Un punto que enfatiza Hebreos es que podemos expresar amor los unos por los otros en las reuniones cristianas. Si alguien no viene al culto de adoración, ¿cómo podrá esa persona cumplir la ley de amor de Cristo? Algunas personas pueden pensar que tienen “buenas” razones para mantenerse fuera de las reuniones cristianas. Sin embargo, Hebreos menciona que podría ser su propia apatía la que las mantiene alejadas. Si uno quiere, puede encontrar razones para evitar asistir a la iglesia u otras reuniones cristianas. No obstante, esas razones palidecen en contraste con la razón para asistir: ser una bendición para otros.
Pero, esta conducta es mucho más apremiante a medida que el día de la venida de Cristo se acerca. Al comienzo de Hebreos10:19 al 25, el autor amonestaba a los creyentes a acercarse a Dios en el Santuario celestial, y en su conclusión les recuerda que el Día de Dios se acerca. El retorno de Cristo siempre debería ser un poderoso incentivo para la conducta cristiana.
¿A quién, en tu iglesia, deseas animar con tus palabras, acciones, o simplemente con tu presencia? Si has pensado en esto, puedes marcar una gran diferencia en la vida de las personas y, a su vez, resultar bendecido tú mismo.

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