Jueves 26 de junio
LA LEY EN EL REINO
De todas las duras consecuencias del pecado, la muerte ha sido la más persistente. Se puede vencer el pecado, se puede resistir a Satanás, pero con solo dos excepciones conocidas (Enoc, Elías) ¿quién, entre miles de millones, ha escapado de la inevitabilidad de la muerte? “Cuando se trata de la muerte”, escribió un filósofo antiguo, “nosotros, los humanos todos, vivimos en una ciudad sin murallas”.
¿Qué mensaje se encuentra en Apocalipsis 20:14 y 1 Corintios 15:26?
Con el poder atribuido a la muerte, no es extraño que justo antes de que Cristo establezca el reino mesiánico sobre la Tierra destruya totalmente la muerte.
No hay dudas de que la muerte está relacionada con el pecado, lo que significa que también está relacionada con la Ley de Dios, pues el pecado es la violación de la Ley. En consecuencia, no puede haber pecado sin la Ley. De hecho, fue así durante toda la eternidad hasta que Lucifer se rebeló en el cielo.
“Cuando Satanás se rebeló contra la Ley de Jehová, la noción de que había una Ley sorprendió a los ángeles casi como algo en lo que no habían soñado antes. En su ministerio, los ángeles no son como siervos, sino como hijos. Hay perfecta unidad entre ellos y su Creador” (DMJ 94).
Recordando esto, la ausencia de muerte y pecado en el Reino de Dios no requiere la ausencia de la Ley. Así como la ley de la gravedad es necesaria para la interacción armoniosa entre los elementos físicos del universo, la Ley Moral de Dios es necesaria para gobernar las interacciones justas entre los santos. Cuando Dios escribe su Ley en los corazones de los redimidos, su único propósito es sellar la decisión de ellos de andar en el camino de la justicia por la eternidad. Por lo tanto, su Ley llega a ser la esencia misma de su Reino. Así, tenemos razones para creer que los principios de la Ley Moral de Dios existirán en su Reino eterno. La diferencia, por supuesto, es que aquellos principios nunca se violarán allí como ha ocurrido aquí.
Trata de imaginar el ambiente perfecto del cielo: no hay naturalezas caídas, no hay diablo para tentarnos, no hay pecado y no hay muerte. Ahora, pregúntate: ¿Qué cosas en tu vida y tu carácter no te permitirían estar muy cómodo en ese ambiente?

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