Diálogo Bíblico | Jueves 26 de octubre 2017 | Sin las obras de la Ley | Escuela Sabática

Jueves 26 de octubre
SIN LAS OBRAS DE LA LEY
“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom. 3:28). ¿Significa esto que no estamos obligados a obedecer la Ley aunque la Ley no nos salve? Explica tu respuesta.
En el contexto histórico de Romanos 3:28, Pablo hablaba de la Ley en el sentido amplio del sistema del judaísmo. Sin importar cuánto se esmerara un judío para intentar vivir bajo este sistema, no podía ser justificado si no aceptaba a Jesús como el Mesías.
Romanos 3:28 es la conclusión que Pablo hace de su afirmación de que la ley de la fe excluye la jactancia. Si un hombre es justificado por sus propias acciones, puede jactarse de ello. Sin embargo, cuando es justificado porque Jesús es el objeto de su fe, el crédito indudablemente pertenece a Dios, que justificó al pecador.
Elena de White da una interesante respuesta a la pregunta: “¿Qué es la justificación por la fe?” Ella escribió: “Es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre y hace por el hombre lo que este no puede hacer por sí mismo” (TM 456).
Las obras de la Ley no pueden expiar los pecados pasados. No se puede ganar la justificación. Solo se la puede recibir mediante la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo. Por lo tanto, en este sentido, las obras de Ley no tienen nada que ver con la justificación. Ser justificado sin obras significa ser justificado sin que haya algo en nosotros para merecer la justificación.
No obstante esto, muchos cristianos han malinterpretado el versículo y lo han aplicado erróneamente. Dicen que todo lo que hay que hacer es creer, mientras minimizan las obras y la obediencia, incluso la obediencia a la Ley Moral. Al hacer esto, malentienden a Pablo. En el libro de Romanos y en otros lugares, Pablo le da mucha importancia al hecho de guardar la Ley Moral. Jesús sin duda la guardó, al igual que Santiago y Juan (Mat. 19:17; Rom. 2:13; Sant. 2:10, 11; Apoc. 14:12). El argumento de Pablo es que, aunque la obediencia a la Ley no es el medio para la justificación, la persona que es justificada por la fe sigue guardando la Ley de Dios y, de hecho, es la única que puede guardar la Ley. Una persona no regenerada, que no ha sido justificada, nunca puede cumplir con los requisitos de la Ley.
¿Por qué es tan fácil quedar atrapado en la trampa de pensar que porque la Ley no nos salva no tenemos que preocuparnos por guardarla? ¿Alguna vez has racionalizado persistentemente el pecado al reclamar la justificación por la fe? ¿Por qué es una postura muy peligrosa? Al mismo tiempo, ¿dónde estaríamos sin la promesa de la salvación, aun cuando nos veamos tentados a abusar de ella?

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